miércoles, 15 de febrero de 2012

Bibliotecas

Todos somos diferentes.  Nadie es igual a nadie.  Somos, triste o alegremente, únicos.

A veces nos parecemos unos a otros, tendemos a formar amistades con quienes más se asemejan a nuestros gustos y cuestionar, tanto a personas como preferencias, todo aquello que no conocemos, odiamos o que se parezca a bailando por un sueño.

Me siento único.  Como todos en verdad.

Creo que soy uno de los pocos jóvenes que se patina más guita en libros que en ropa.

Anoche, mientras esperaba el bus desde Gesell a San Miguel, leía Shakespeare.  Unos cuatro días atrás, terminaba uno de Fontanarrosa.  En menos de un día me veo leyendo unos de las últimas creaciones que me restan por leer de mi favorito:  Bioy Casares.

Es curioso.  La costa argentina es en sí misma una estructura que se "respeta" o que se entiende como natural.  Es decir, hay un itinerario prepautado.   Como que cuando pagas el peaje de Hudson te dicen: "Acá esta su vuelto y este es el cronograma de sus vacaciones".

Levantarse, mates con facturas, playa con churros, mar con sal, tomar sol el primer día como si fuese un esquimal que pasó los últimos 6 meses subsumido en la oscuridad, ir a comer, siesta, playa, arena, sol, agua, mates, churros con arena, vendedores ambulantes, música, viento, mates con arena, arena con arena, volver al lugar rentado acarreando más peso del propio, bañarse, mates, ir al centro.

En esto último recide el agravio.

Hacemos 500 km en una ruta de un solo carril y doble mano para escaparnos de la prisión porteña para recaer en un centro con peatonal donde se amontona cúmulos de gente con el simple fin de "caminar".  Como si esto último fuese tan sencillo.

Más allá, recorrí librerías.  Me encanta ver libros y pensar cuál voy a leer la próxima vez.  Me gusta hablar con el personal de estos harenes de letras siempre y cuando sepan sobre literatura.

Es así que, en San Miguel, tengo 3 puntos clásicos de compra de libros.  Uno es en una feria hippie.  Otros dos en organizaciones dedicadas a la compraventa de libros.

Más allá de mi tendencia compulsiva a la adquisición de escritos, creo entender hoy en día que si me llaman "cliente de la casa" y me reconocen los dueños de los negocios, estoy en problemas.

En fin, voy formando mi propia biblioteca.



"El del Dr. Felipe mejor lo pongo acá"

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