lunes, 20 de febrero de 2012

¿Por qué Carmelo?

En Carmelo no hay nada.

Si no fuese por ciertas fases tecnológicas que estructuran a los conjuntos sociales, se podría decir que la ciudad uruguaya no dista edílicamente de lo colonial.  Casas viejas pintadas de colores vivos, calles empedradas, mucha plaza, poco centro, cero puestos de venta de carnada para pesca y pequeña playa a márgenes del río Uruguay.

No hay nada.

A  muy pocos se les habrá ocurrido alguna vez decir: "Estas vacaciones pateo el balde y me las tomo a Carmelo".

Soy uno de esos pocos.

El tema acá no es que busqué joda, conocer algún atractivo o aquello que moviliza a las personas largarse a la ruta e ir a algún hormiguero alejado de casa sino que fue cumplir una especie de sueño.

La ciudad de Carmelo es, para mí, la perfecta conjugación de lo que quiero.  Es tan solo figurativa, simbólica, algo que es y no lo es.

Puse el dedo en el mapa y recorrí mil veces el camino a hacer.  Tuve un intento anterior de llegar pero los jirones en el aire del destino no me dejaron acercarme siquiera al paso fronterizo.

Mil veces pensé qué encontraría allí, si era posible encontrarme o, mejor, perderme para poder ser de nuevo.

El tema es por qué llegué a esta localidad.  

Fue la perfecta conjugación de dos libros.  El primero, el cual me movilizó a tomar  camino por las rutas, es aquel que trata sobre la vida tumultuosa de Chris McCandless.  La inspiración nació luego de leer el libro.  Creo que marcó un antes y un después sobre mi forma de percibir la realidad que me rodea.
Luego, una vez tomada la decisión de irme había que apuntar un destino.  Es así que recordé como por arte de magia, haber leído un cuento de mi autor favorito Adolfo Bioy Casares quien escribió "Plan de escape al Carmelo".  En sí, toda la historia narrada no tenía ninguna referencia a la ciudad más allá de nombrarla pero no faltaba más para tomarla como destino.

Es así que con dos elementos pude plantearme una meta y lograrla.  Todo bajo la fiel compañía del amigo de toda la vida.  Martín se sumo a la travesía y no creo haberlo podido lograr sin él.

Es como en fin Don Alexander Supertramp dijo: Happiness is only real when shared.

Gracias por la inspiración.


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