viernes, 2 de marzo de 2012

Era 2.0

En la era de la tecnología, todos llevamos o tenemos contacto con algo "tecnológico".

Estamos todos y todo el tiempo conectados o, más bien, hiperconectados.  Todo es 2.0, hasta las relaciones humanas que pasan a ser más virtuales que clásicas.

Hoy en día decir "carta" o "cassette" genera en los demás una expresión de cuasi repulsión, aberración, odio y de "¿Qué mierda estas hablando?".  Es que nos olvidamos tan pero tan rápido de como pasa tan pero tan rápido el tiempo que ni siquiera nos acordamos cómo empezaba este post.

No es por criticar las nuevas eras que se van sucediendo pero simplemente es curioso pararse un toque al costado de camino, mirar un ratín para atrás y ver como la manada amorfa de gente se agolpa en una puerta que dice "futuro".

Lo más chocante de todo esto no es que los chicos ya no copen las calles o plazas, o el deterioramiento de las relaciones humanas, o las pésimas fuentes de información, o varios etcs.

Lo más chocante de todo esto es escuchar, ver y sentir la manera de como se utiliza indiscriminadamente términos del tipo tecnológico en conversaciones habituales por personas mayores.  Porque, claro, también mi vieja y, de seguro, la tuya también tienen Facebook.

Entonces, como me pasó hoy en la parada, oír una discusión  entre personas cincuentonas del sexo femenino ya no es sobre lo caro del tomate, quién se embarazó o temáticas relacionadas a novelas vespertinas sino que, hoy por hoy, las viejas de ruleros son cambiadas por viejas con pendrives, mensajes de textos y comentarios del tipo: "Te etiqueté en tal foto hoy, sabes?",  "Fíjate si te aparece en tu muro", "A que no sabes el tema que me baje", "¿Viste la foto que bajó Menganita?" (claro, a veces no saben la diferencia entre subir y bajar, o postear o por qué se llama teclado qwerty).

O es el caso de mi querida madre.  En la mesa, el comentario/bocado que desde hace tiempo no puede faltar es del tipo "En mi página me bajaron un tema de Marco Antonio Solis del club de fans...".

Seguro que no difiere mucho de la madre de cualquiera porque, seamos realistas, todas las madres escuchan Marco Antonio y más de un domingo con resaca cada quien se habrá tenido que morfar un mp3 o un DVD a las 10 de la matina mientras la vieja baldeaba o se le ocurría aspirar por la pieza.

Amo a mi madre pero justo cuando yo decido borrarme del caralibro por evitar chusmerios, mi vieja cambia la escoba por el teclado y la vereda por la silla de mi pieza e invade mi territorio para contar todas las novedades que pueden salir por esa bendita página.

Igual la quiero.  Es lindo ver que pudo aprender algo nuevo.  La cagada es que se olvida de cocinar ahora.

"Si no te hubieras ido sería tan feeell..."
- ¡Vieja, apaga esa mierda que para infelices ya estoy yo!