miércoles, 7 de marzo de 2012

Peatonal

La peatonal de San Miguel dejó de ser peatonal.

Antes era una calle más de una sola mano, un día le pusieron unos palos en ambos extremos (ya que era peatonal pero al fiel estilo de Las Brotolas, es decir, que se extendía una sola cuadra) y dejaron de circular autos para que los bares, cafés y pseudo restorantes abarroten el resto de la calle con mesas y sillas.

Pero dejó de serlo hace unos días.  Ahora, nuevamente circulan autos.  La diferencia es que las veredas son un toque más anchas, hay unos pequeños postes de cemento que circunscriben a nombradas veredas y que, posiblemente, la mayoría de los peatones no se hayan enterado que dejó de ser peatonal y a más de uno ll van a tener que juntar con cuchara en breves instantes.

Muchas cosas que fueron hoy dejan de ser.  O mutan y son otra cosa pero ya no lo de antes.

La familia no era lo de antes.  Los domingos en la casa de la abuela se cambiaron a mi casa, con menor número de integrantes ya que mis viejos pasaron a ser abuelos y yo el tío soltero y vago.

Las responsabilidades cambiaron.  Son más pero yo sigo sin hacerme cargo y me las paso por el sobaco.

Los amigos, o más bien, los compañeros de andanzas ya no son los mismos.  Van cambiando, quedan menos pero más verdaderos.

La carne de los asados ya no es la misma que antes.  La Quilmes también cambió y para peor.  Ahora también probé algo de buenos vinos, aprendí cómo apreciarles y beberles pero me olvidé de cómo manejar luego de dicho proceso.

Las relaciones ya no son las mismas.  Ahora hago mea culpa.  Sé en lo que me equivoco y en que no pero sigo sin cambiar.  Ahora puedo reconocer que soy un boludo de antemano y mi tarjeta de presentación mutó a: Hola, soy Diego.  Bah, mi nombre es Diego.  Yo soy yo. Ah, y soy un boludo.

Cambie de escuela de toda la vida de donde hasta las porteras sabían quién era y me preguntaban por mi vieja por una facultad, en centro porteño donde me jacto de ser un número más.

Dejé la guitarra por laburo.  Acabaron los sueños de ser un guitarrista famoso por saber cuándo cae el cuarto día hábil de cada mes.

Más que nada cambian conceptos.  La felicidad, alegría, amor, bajón, tristeza y etc cambian.  Ya no es lo mismo ser feliz a los 15 que ahora.

No creo que los cambios sean malos.  Simplemente, son cambios.  El tema recae cuando uno no se adapta, se resiste y no pone nada de sí mismo.

Me costó aceptar que soy un boludo pero ahora soy feliz y me quiero.

Y sí, todavía la AFIP no vio el potencial de recaudación en mi persona.