miércoles, 21 de marzo de 2012

Profiláctico

En épocas donde el coito se me asemeja más a una ciudad asiática a que un acto en sí, recuerdo etapas donde comprar forros eran tan habitual como decir "garche" antes que "coito".

Tener relaciones es un liberador de tensiones y capaz de generarnos placer.

Ahora bien, lo que no genera placer es ir a comprarle un buzo al amigo.

Estar dando los pasos que conducen cerca a la farmacia, nos coloca en un estadio donde evaluamos qué vamos a pedir, cómo lo vamos a nombrar, si se podrá elegir dentro de un stand o, en el peor de los casos, qué hacemos si están dispuestos detrás de una bella cajera, encolumnados acorde marca, color, textura y am o fm.

Es curioso que también decidamos ocultarlo.  Es decir, ir a comprar preservativos no es como comprar un paquete de puchos que le decís al kioskero "Lucky 20 box"  y nada más.  Ir a la farmacia implica hoy en día que el "costo" total de la compra de profilácticos se extienda más allá de su valor real puesto que, en ocasiones, arrasamos con el local por solo una cajita de guantes para glandes.

Recuerdo comprar cepillo de dientes, shampoo, crema enjuague y jabón para poder arribar a la cajita anti bebés y enfermedades venéreas.

Igualmente, una situación patente que recuerdo fue saliendo del gimnasio, cruzar la calle hasta la farmacia para cumplir mi cometido y encontrare con las viejas del barrio.  Algo así sucedió:

- ¿Quién sigue?
- Estemm... Creo que yo pero deja, deja, antende a la señora.  Yo espero.
- No te hagas problema, querido, ya estoy atendida.
- Bue... Ehh...  ¿Me venderías una caja de profilácticos?  (Porque claro, uno dice profilácticos en la farmacia y, además, se los llama sigilosamente, como si estuvieses pasando un código de misil ruso en plena guerra fría)
- ¿Cómo?  Repetime más fuerte, por favor.  (También pasa, no te escuchan un ojete)
- Sí, estemm, preservativos.  Digo... Digo... Profilácticos, ¿puede ser?
- Ah sí, sí, vení, seguime por acá.

Esa frase, acompañada por la sucesión de pasos míos hasta el destino señalado, me condujo hasta la mitad de la farmacia.  Esto implica estar frente a un "mostrador" de forros (no, no es por lo farmaceuticos) entre dos filas de personas que esperan pagar en Pago Fácil y otras que son viejas buscando soluciones al reuma.

Y en ese punto llegamos a la bisagra de la vida.  El antes y el después.  La invención de la escritura y comienzo de la historia.  El dulce y el queso.  El $1.10 o el "hasta retiro".  Todo por una pregunta.  Tan simple, tan sencilla pero con tantas respuestas pausibles que nos pueden aproximar al catalogo de la degeneración.  Son tantos, son tantos... The horror, the horrooor.

- Sí, ¿cuál vas a llevar?
- Emmm.
- Tenes de frutilla, con tachas, sin tachas pero con arandelas, ultraresistente, con efecto retardador, comunes, ultra finos, negros, con balizas y dirección hidráulica, extra largos, anatómicos, texturados, texturados y con tachas, con gel, sin gel y, el último lanzamiento, uno con entrada usb para enchufar tu pendrive o celular.
- Ah, mira vos.  Emm, estemmm...  No sé.  Dame esos, los de la cajita gris, que tiene el velocímetro.
- Si, el de efecto retardador.
- ¿Hay algo que no suene a que tengo problemas o que me haga parecer menos pervertido?

- Ya sé, ya sé.  No pensé que iban a ser TAN largos.


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