martes, 13 de marzo de 2012

Uncomfortable

La Real Academia Española define a la incomodidad como la falta de toda comodidad.

Claro, son unos pelotudos.  Pero si quebramos un toque con ello, sabemos decir que la incomodidad es un estado donde nos sentimos molestos, poco a gusto, usualmente desconocido o pronto a conocer que nos hace picar el culo por la incertidumbre.  Además, que uno no suele ser tan permeable ni flexible como para adaptarse en un santiamén a la situación que incomoda.

Existe varios ejemplos.  Para mí, los más clásicos y, tal vez, más repetitivos son: conocer a tus suegros, dar la mano y que te ofrezcan el cachete o viceversa, mirar un ocote y que te atrapen en dicha maniobra, ir caminando y sentirse observado, etc, etc.

Pero el momento por excelencia que se lleva todos los premios es el after polvo.

¿Qué se hace? ¿Qué decís? ¿Cómo miras a la otra persona después?  Claro, todo esto clasifica cuando es un garch&go o cuando uno comienza a mantener relaciones estables.  Todo en la primera movida, valga la redundancia.

Lo que pasa es cómo carajo haces para mirar a los ojos a esa persona que hace unos minutos te estaba pidiendo Dios sabe qué cosa, que insultaba a toda tu familia, que te desgarraba la piel y con la cual te enredabas en un fin de extremidades.

¿De qué hablas?  ¿Es tiempo de decir "Gracias" o un "¿Viste que le metieron un corchazo al Baby Etchecopar?  Para mí que alguien de Se me apagó el piloto se le fue la mano o lo vendió"?

Además, uno siempre tiene algún complejo con el cuerpo.  Y, es entendible.  Prendes la tele a cualquier hora y tenes una mina de la san puta (que seguramente tiene ese oficio o cerca) o pones la Tv Pública y están los cocineros argentinos rayado queso en los abdominales  de un vago.  Y uno que esta más cerca de tambo que rayador de queso, no se siente cómodo en determinadas situaciones donde estar en pelotas se requiera.

Es que, luego de leer un estudio con 3485 participantes emanado desde la Universidad Estatal de Oslo, pude comprobar que dentro del momento de pasión, no importa cuerpo, mente, alma y, hasta a veces, protección alguna.  Nos convertimos presos de un instinto animal donde las estructuras o convenciones sociales son nulas.  La moral no existe.  Creencias y credo quedan relegados a un segundo plano en el momento de que el cinto fue desprendido.  Todo es un quilombo de hormonas, deseos y desprolijidad.

Consumado el acto.  ¿Qué onda?.  Creo que debería de haber un protocolo, un pequeño manual que nos diga qué hacer.  Así como las empresas se jactan de tener manuales de inducción, cuando firmamos el contrato de la vida se debería entregarnos una pequeña redacción que verse en su título algo como "Modus operandi after polvo: los sí y los no luego de que te pidieron una nalgada".

- ¿Te gustó?
- Sí, increíble... Estemm... ¿Viste que bardo el traspaso del subte?

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