martes, 10 de abril de 2012

Sentimentalismo

Tal vez siga quedando como un renegado de la vida, un vano inválido sentimental que le chupa todo un huevo y que no le interesa todo lo relacionado a la demostración afectiva.  Bueno, sí, algo así soy pero no tanto.  Me cuesta demostrar afecto, intento día a día romper las estructuras aprendidas para poder mejorar.
Reconocer mis errores, mis falencias y todo por lo que tengo que mejorar, me ayuda al crecimiento diario.

Y, aunque pueda sonar como excusa, el aborrecimiento es un sentimiento.  Tal vez se acerca al odio, es peyorativo y de clase poco constructivo pero depende con qué ojos se ven.  Es como las críticas.  Las constructivas, por más que duelan y molesten, son de necesaria existencia para poder mejorar.
Lo que intento construir con estas palabras también es una crítica.  No es la cuestión que todo el mundo me lea y exponerme sin un sentido.  Me sirve escribir y expresar lo que siento.  El blog, lo que brinda, es algo de anonimato para los que no me conocen y, con cuotas de humor malo, camouflage para con ellos a quienes veo a diario o cada tanto.

Estos últimos días estuve podrido.  Gedido o jedido.  Cosas que pasan alimentan la cara de ocote que coloque por delante como forma de presentación.
Hoy decido volcar toda mi mala onda con comentarios acerca del programa furor.


El sentimentalismo es definido por la Wikipedia como indulgencia excesiva respecto a las emociones, especialmente un esfuerzo consciente para inducir emociones al lector o espectador para que las disfrute.
Es una garcha que se utilicen los sentimientos en pro de la consecución de fines prepautados.  Quiero decir, no da la manipulación anímica, meter el dedo en la llaga, salar la herida para captar la atención.  Es bajo, bajísimo.  Es como haber empezado esta entrada usando alguna noticia importante de los últimos días para que el motor de búsqueda de Google, traiga a personas acá.

Por ejemplo:  seguro que muchas personas, en estos momentos, estarán buscando algo de interés general.  Entonces si yo escribo Megan Fox en bolas posiblemente inocentes adolescentes (y no tantos) caerán en esta pieza de letras en búsqueda de la satisfacción de pulsiones sexuales.

Ahí, estoy jugando con los deseos ajenos en pro de que la gente se regocije en leer la sarta de boludeces que se me ocurren.  Hasta ahí, maso bien.  Es decir, no apelé a escribir algo que haga referencia a muerte, luchas de vida, catástrofes naturales o el promedio de San Lorenzo.  No jodí a nadie, no moleste ni coloque algo que apunte a tocar los rincones más oscuros y ocultos de cada quien.
Y, al decir verdad, es una cagada cuando a uno se lo hacen.  Seguro que alguien habrá pasado por una situación que, para llamarle la atención, le hicieron recordar algún momento donde estuvo mal o se equivoco o no logró estar cómodo.  Frecuentemente, esto sucede en las peleas dentro de las relaciones.  Arma amiga de las mujeres (porque los hombres tenemos menos memoria que una mosca), la capacidad de recordar las veces que metimos las pata y traerlo al presente para echarlo en cara es de uso frecuente para esquivar acusaciones actuales por parte del miembro masculino de la relación.
Y, como sabemos que nos la mandamos en el pasado pero no podemos reaccionar ante el bombardeo de acusaciones, bajamos la cabeza y pedimos perdón.
Todo porque, básicamente, nos metieron el dedo en el tuje y no para examinar la próstata.

Eso, en cierto sentido, es sentimentalismo.  La manipulación de hechos, acciones y sucesos para que repercutan en el estado de ánimo del otro, es sentimentalismo.

Cantado por un sueño es sentimentalismo.  Y es aquí donde quise llegar con lo anterior.
Me da por las bolas.  Por las mimas pelotas ver cómo cada persona que pone pie en ese escenario montado en busca de 15 segundos de fama, es víctima de la ventilación de su vida ante cámaras y miles de personas para que la productora se llene de guita los bolsillos.  Ya no interesa si cantas o no, si tenes cualidades de frontman o si tragas o escupís, el tema es que puedas inventar o contar sobre tu vida de mierda, de cómo el reventón le voló los sueños y las chapas.
Todo bien con las personas que se levantan todos los días de la vida perdiendo.  No sacan ni un empate al bajar el sol y la vida les golpea sin decirles por qué.  Es una cagada luchar y saber que no hay modo de avanzar.  Totalmente entendible, nadie (o más bien, pocos) tiene el futuro asegurado.

Acá, la gran cagada, es como el resto que nos sentamos enrededor del calor de la tv para sentirnos tocados por la vida de los demás.  Para pensar que, al final, nuestra misera vida no están de mierda comparada con otros.  De, a saber, emocionarnos o que nos emocionen para tenernos atañados dos o tres horas frente a la caja boba sin importar cuán temprano tenes que levantarte mañana para estudiar o trabajar.
Y, como si todo fuera poco, bancarte al pelotudo de Mariano Iudica haciendose el copado, rogandole a los jurados, quienes ya no producen nada por escaces de ideas, que canten algo para estirarla, para que los del otro lado digan "Que vos la de Valeria" o "Como canta la Merchu", porque, claro, cuando hay sentimentalismo, la gente se vuelve idiota y se cree amiga de los personajes que aparecen y los acompañan en sus cenas.

Digamos no a la manipulación.  Basta de esa cortinita de música que te dice cuándo tenes que llorar y cuando reír.  Esta bien que no haya pelea de gatos como con el Bailando pero, a decir verdad, prefiero que las personas eligan la riña de los pumas de bengala por ignorancia o alpedismo que se vea forzada por la atracción que genera el jugueteo con los sentimientos.

Todo a bajo costo, con la premisa de prepararse para "Un programa MUY INTENSO e INOLVIDABLE".


- Tengo que llorar ahora, ¿verdad?




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