viernes, 27 de abril de 2012

Perro andalúz

Soy muy confianzudo.  Es que para mí la palabra, el hablar, tiene un poder increíble en nuestra psiquis.  El ser humano, al crear la escritura, fue capaz de traducir sus pensamientos, transmitirlos e intercambiarlos.  No es ajeno que me sienta cómodo diciendo todo lo que me pasa.  Me guardo muy poco de todo para mí.  Es así que tengo allegados y amigos que saben mucho de mí.  Es que tampoco tengo grandes secretos o problemas que me aquejen.  Es decir, tengo una vida, digamos, tranquila.
Hasta ahora no paso algo demasiado importante.  ¿Qué es lo importante?  ¿Qué es aquello que no se puede decir?

Soy creyente de que cada quien tiene algo para decir.  Todos somos maestros a nuestro estilo.  Mediante la conversación, intercambiamos ideas y pareceres, nos conocemos e indagamos.  Es así que, para cada circunstancia de la vida, el hablarlo con cualquiera que pase, nos puede dar respuestas gratificantes o salidas que no habíamos pensado por estar metidos en problemas o quilombos que bloquean nuestra capacidad cognitiva.

Es por eso que busco respuestas en los demás.  No significa que haga todo lo que los demás dicen porque no solucionaría nada sino que probablemente termine o bien preso o bien ausente de toda cordura.
Así, voy desperdigando mi vida por ahí.  Muy seguido, lo que hoy nos parece importante e indispensable para la vida, mañana no lo es.  Por eso más bien, contar, compartir, decir y dejar que todo vaya perdiendo significado con el tiempo, sin guardarlo.

Es como cuando guardamos pequeños o grandes elementos que pensamos que mañana nos van a servir para algo.  Poco a poco, vamos llenando un lugar de objetos que ni sabemos que tenemos pero que no podemos tirar o, menos aún, regalar.
Los secretos tienen lo mismo.  Les damos categorías de ser imposibles de salir a la luz y los almacenamos en nuestra mente, sacrificando economía anímica o emocional.


Por ello, tomo libertades.  Tal vez de más.  Algunos llaman pudor o vergüenza, quizás arriesgan una privacidad.  Yo creo que no es por ser insensato o por faltante de códigos que digo lo que pienso o me pasa sino que me sirve para intentar esbozarle construcciones, siquiera en palabras, a aquello que me acontece en la vida misma.  Además, llevar a cabo un espacio público me ahorra cierto tiempo.  ¿Cómo?  Bueno, cuando una persona allegada me pregunta cómo estoy, le retruco con un "Pásate por mi blog".  Es que funciona como una tabula rasa donde uno puede descargar lo que le sucede.  Como si esto fuera poco, ofrezco música, imágenes y notas extrañanemente ridículas.

Es por ello que hoy, en mi vida, acontece sentimientos encontrados fruto de una relación que no prospero.  No sé, invade una especie de bronca por no saber dónde quedo mi buzo y la cobardía de ambas partes.  Además, de pensar que, si bien soy un boludo a pilas, no me las creo a todas.  No nací ayer, no me sé los por H y por B pero comprendo lo que me rodea por más que lo nigue o me rehúse.  Pero, acorde a la experiencia que me acompaña, entiendo que es solo un rato, un tiempo y a otra cosa.  La cosa es estar en el medio de la tormenta y no saber para qué lado escupir.

Tal vez genere dudas, estupor, nada, odio y hasta algo de desprecio conjunto a rencor.  Pero qué se yo.  Soy polémico o quiero serlo.  Si se tiene que pudrir, que se pudra bien.


Da muy de leer esto con ese tema.


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