jueves, 31 de mayo de 2012

De lo que me gusta

Nos sentamos en la misma mesa de siempre. El restaurante del cual colgaban banderines de San Lorenzo y fotos de viejos tangueros, tanto amarillentas, las fotos, no los tangueros, daba cierta tonalidad hogareña, aún más en otoño, cuando las hojas de los árboles le hacían un manto a las veredas de la calle Alagón. Lo diferente del lugar era que todavía la ley antitabaco no arribo a sus puertas, dando así una atmósfera de ilegalidad, como que al entrar, uno entraba a los años noventa. Íbamos regularmente, al punto de mirar a mozos y dueños de una forma amigable, casi preguntando por la familia de cada quien. Ella pidió lo mismo de siempre, unos abundantes fusilli con salsa rosa y pan de salvado. Yo no recuerdo qué pedí, solo me acuerdo que compartimos un vino, tinto el vino, venía en un amable pingüino. Creo que no se lo veía venir pero tuve que decirlo antes de que traigan la comida, en el momento que ella miraba por la ventana, como deseando estar en otro lado, con alguien más.
-¿Cómo que te aburriste? - replicó inmediatamente. Todavía resuena en mi esa pregunta. Hace sentir cierta culpa, así, como lo dijo ella, porque lo dijo como cuando decimos las cosas con intención de que el otro sienta culpa. Así fue como lo pronunció, abriendo ampliamente su boca al pronunciar el "cómo", parpadeando despacio y dando una estocada con el mentón hacía adelante al hacer referencia a mi aburrimiento.
-Si lo decís así, suena mal. Pero, básicamente, es eso. - respondí. En ocasiones, es difícil encontrar la palabra justa para los sentimientos, para los estados de ánimo, para decir lo que nos gusta o disgusta. En el fuero interno, pensar como pensamos no suena mal, es más fácil pero, a la hora de traducir ello en sonidos entendidos como palabras, parece que estamos siendo crueles, despiadados, suena diferente, sabe a mal, como un mate amargo con agua tibia, casi fría. - Pero no es con vos, me aburro de todo, de todo lo que me gusta. - ella fingió escuchar eso. La entendí por un instante, cuando escuchamos puñales al ego nos enceguecemos y filtramos todo lo que nos quieran dar como explicación; después dejé de entenderla porque me había aburrido.
-¿Ahora me decís que no soy yo, que sos vos? Sos la peor escoria, siquiera tene la suficiente hombría como para decir qué te aburrió de mí, no soy cualquier cosa. Sos cruel, sos hiriente cuando queres. Sos un hijo de puta. Encima ahora, acá me lo decís. Sos un despropiciado, no te importa nada. - Lorena tenía cierta razón empero, ¿existe, acaso, algún lugar, momento adecuado para hablar de ciertos temas?
- Me aburrí de todo, no sé. A vos te debe de pasar lo mismo pero no lo queres decir, no lo podes decir, te entiendo. Pero es así. Me aburre como cocinas, cuando me mandas un mensaje de fingida preocupación para saber cómo estoy. Me canso esos reproches buscando peleas para salir de la rutina, de que me hables de la oficina, de temas que no me interesan, me cansé de fingir que me interesan. Me aburrió el olor de tu pelo, tu vestido verde claro y la forma en que preparas el café con leche. Hasta cuando cogemos me aburro y sé que a vos también te pasa. Es entendible, ya nos conocemos lo suficiente, no hay sorpresa, nada nuevo. - la cara de Lorena se iba transformando; mediaba entre sonrisas, algunas lágrimas y miradas a los mozos. Vi como asentaba con la cabeza al mismo tiempo que se pasaba una servilleta de papel por sobre la mejilla izquierda, en el momento que seguía enumerándole nuestras situaciones.
- Es cierto, - rió con lágrimas - ya no es lo mismo. Ahora no me arrepiento tanto el haberme garchado a Ale. - dijo con ganas de lastimar, resumiendo lo ocurrido, largandolo, equilibrando su economía psíquica. Hice un ademán con los hombros, la boca hacia abajo y levantando las cejas, buscando con la mirada al mozo para cancelar el pedido. - Me voy, Diego, busco unas cosas del departamento, luego arreglamos por lo demás. - Tomó su cartera, su saco con olor a naftalina y se marchó sin saludar, empujando la silla que dejó vacía.
Al instante, mientras miraba a través del cristal de la venta como el viento hacia pequeños rulos con hojas, papeles y tierra tras los pasos de Lorena, Mario, nuestro mozo, trajo los fusilli con salsa rosa y pan de salvado medio duro, medio rancio, el pan. Lo que yo le había pedido tenía un poco más de demora, le solicité que no lo traiga. Le pedí un poco más de queso rayado y que de postre me tenga listo un budín de pan con dulce de leche y crema. Me gusta mucho como hacen el budín de pan ahí, con agüjeritos lo hacen, como en casa.


martes, 29 de mayo de 2012

Episodio

Las reuniones, últimamente, me molestan. No todas sino esas de compromisos, reuniones que te invitan y hay que ser un decorado más, infaltable, en esa grotesca pintura social. De esos rejuntes que se asemejan más al Guernica que a otra cosa. La cosa es que fui solo, sabía que me encontraría con ellos allá; también sabía que iban a existir esos pequeños canapés durante toda la velada, que el alcohol iba a abundar bajando, así, su calidad. Vivimos apurados, tan deprisa que se reinventan formas de embriagarse lo más pronto posible. Chicas que dejan de comer y fuman mucho con un vaso en la mano, muchachos fornidos ingiriendo todo líquido que pase por delante de sus narices, percutiendo juegos didácticos amoldados por la psicopedadogía para poder tomar rápido y con escusas, como disculpándose con uno mismo.
El lugar fue en un departamento, amplio, bien decorado, paredes pintadas con colores pastel. Cortinas de humo daban la bienvenida a cada habitación, ocupada por diferentes individuos que se conocían de vista, de haber compartido un gesto, una sonrisa. Eso es que lo a veces me inquietaba. No conocía a nadie en sí pero conoces a todos. Simulábamos a ser amigos, compañeros de la vida. Contarnos proyectos, historias, fracasos como Freud se lo contó en su momento a Jung, algo así.
Decidí escaparme, escabullirme sin saludar, como el más cobarde. No recuerdo la hora, sé que paso un tiempo prudente. Había perdido a aquellos con los cuales había arribado, no veía impedimentos para retrasar mi salida. Y acá siempre pasa lo mismo. Más cliché. No, chiclets no; me refiero a eso que se usa, reusa y se vuelve a usar. Como en las películas, en las comedias románticas. Siempre esta la chica que nadie quiere, enamorada de uno que más vale perderlo que encontrarlo y, de repente, llega otro que siempre estuvo enamorada de ella y, problemas y berrinches de por medio, terminan juntos. Nos están cagando arriba de un poste con este asunto de las películas, ¿viste? Pero nosotros vamos y colmamos salas, se las encargamos al muchacho que las piratea para pasarlas a buscar la semana entrante, invitamos y nos dejamos invitar para presenciar una secuencia de hechos que conocemos. En fin, como le decía, me paso lo mismo. Para que nos entendamos un poco más, ¿nunca le paso, después de ver The Truman Show, de pensar, sentir, percibir que alguien lo seguía, que tal vez estaba siendo filmado, controlado, manejado o algo similar? ¿Eso de que tu destino estaba escrito? Digo, para seguir en corriente a lo de las películas. Sí, es una boludes de la puta madre pero alguna vez lo pensamos, es así. En realidad, pasa algo parecido, somos como actores dentro de nuestra propia obra de teatro. También somos el director y, en el peor de los casos, el espectador.
Pero, más allá, me estaba yendo, había tomado mi saco y lo deposite en el pliegue de mi brazo derecho cuando siento que me roza la mano izquierda mientras caminaba. Me pidió fuego y que la ayude a escapar de ahí. Bajamos por las escaleras porque es divertido hacerlo y más de noche. En un descanso, a mitad de camino, me pregunto con la mirada si besaba bien. Creo haberle contestado con palabras que el gusto a cigarrillo hacía contraste con la suavidad de sus labios. No me pregunto cómo me llamaba, de qué signo era, qué hacia de mi vida y por qué era tan infeliz haciéndolo. Solo pidió fuego, un poco de calor y una escapatoria.
Continuo. Llegamos al palier, inundado por una especie de neblina que acompañaba al amanecer. Con la escasa luminosidad y el silencio entrecortado, parecía un sueño o un set de filmación. Me pidió que cerrara los ojos y que apoye mi espalda sobre una columna, cerca de las escaleras. Simplemente se arrodillo y arrebato al cinto de la tarea que estaba ocupando. El placer del momento fue increíble, le digo. No quiero escatimar en adjetivos pero me gustaría ser un poco más prudente. Solo que quede registrado que fue magnánimo, un acto absolutamente egoísta capaz de repeler, tal como sucedió, toda moral o vergüenza. Usted me entenderá, ¿no hizo nunca alguna picardía por amor? ¿Acaso sus deseos carnales desataron al animal, relegando a la condición humana a un segundo plano?
¿Si la reconocería al verla? No estoy seguro, sacada de contexto no creo poder encontrarla. Todo fue muy único, realmente sui géneris. Estaba perdido, rebosaba de placer y fue ahí donde perdí el conocimiento.
Le repito, oficial, no vi quién era el otro. Sentí el golpe entre la nuca y la oreja izquierda. Cuando me despertó un vecino, me dijo que acudió a mi socorro porque sintió el golpe de mi cuerpo contra la crudeza del mármol, como si un auto se hubiese incrustado en el edificio. Para mí, que lo último que percibí fue el ruido antes de perder mi conciencia, el sonido se sintió como cuando los sueños se caen, como cuando un barco de madera golpea ante la solidez de las rocas rompeolas.
Se llevaron mi billetera, el teléfono y las llaves del auto. No, no tengo más que declarar, oficial, gracias por su tiempo.


jueves, 24 de mayo de 2012

Fin de semana

Aclaro que lo siguiente es una simple narración de la vida de un amigo, en verdad. Quisiera ser el protagonista pero méritos para él y a todo su esmero.

Fue increíble.
Con un gel terminé el fin de semana. Con uno de esos geles que guardas en el freezer, congelados, para aliviar el dolor. Sentí como minuto a minuto perdía su esplendor, su razón de ser, su característico frío. El cruel ambiente lo sacaba de su apogeo, de su esencia, lo hacía inútil, sin fuerzas, sin sentido. Luego de unos minutos ya era material en desuso, volvía a su hábitat. Feliz, pensando que su labor terminó, volvía entre las cubeteras y alguna comida para el futuro. No sabía que le esperaba un poco más, no entendía que para mí no fue suficiente, no podía remediar en un instante todo lo ocurrido. Es similar a comer en McDonalds todo el mes, todos los días y luego querer estar en forma haciendo diez minutos de bici. Es imposible. Trágicamente, imposible. Más aún porque quería la cura ya, me quería desenvolver como siempre, quería que desapareciera. Me ardía, me sentía raro, no sé, pensé hasta en ir a la guardia pero... ¿Cómo explicarlo? Uno no puede llegar y pedir atención por esto, esta el pudor, la vergüenza, el control social, la bendita moral.
No dejaba pasar siquiera sesenta segundos para corroborar el estado del gel. Lo saqué antes de que llegara a su esplendor. Dí curso a su destino, colocándolo ahí. Sí, en mi ingle.
Lo hice como si fuese la ultima vez. Como un condenado que tiene un último deseo, un último suspiro. Me sentí como en una especie de harén, te digo. No, no es que las tengo a todas pero viste como es esto. Fueron seguidillas de mensajes, como una cadena, como esos mails cadena que te envían advirtiéndote sobre algún virus, que piden tu firma para la nacionalización o privatización de algo, como esos que piden, sí, que piden algo. Fue así. No esperaba nada. Se fue dando todo. No importa las circunstancias, pasó.
Me sigue doliendo, menos ahora, pero es como una molestia, como un pequeño trozo de comida entre los dientes. O como un recuerdo asociado a un estimulo externo, como cuando percibís el perfume de ese alguien especial en otra persona, sentís que se activa una parte de tu cerebro y te trae el recuerdo, como en bandeja. Así me duele. Recuerdo, sonrío y me duele.
No, no solo fue una. Cuatro. Sí, en un fin de semana. De todas formas fue. Paso lo que tenía que pasar en cada momento. Cada una diferente. Quise que una se quedara un poco más, a otra no aguantaba más que se callara y se desnudara lentamente. Recuerdo que en un punto solo quise un abrazo sincero. En otra parte, con otra, solo quise recostarme y mirar  las sombras, acariciarla en la oscuridad. En un punto me pareció confundirme de nombre, de situación, de estado. Había mucha piel, mucho olor a humano, a humano húmedo, pegajoso. Todavía siento entre las sábanas ese pesadez de la transpiración, del movimiento de los cuerpos, de los susurros, de los silencios. Es raro porque cambié las sábanas todos los días.
Las desee a todas, en momentos diferentes, oportunos. Fue único. Fue mágico, fue repetitivo. Fue como un cuento de Borges pero un tanto más pornográfico y sin retorica. ¿Sutil? No, en ningún momento. Estuve ebrio como Bukowski, romántico de a ratos, desnudo como el David. Quise estar solo cuando tenía sus piernas entrelazadas con las mías, cuando apoyó su mejilla en el hueco de mi pecho. Qué se yo. Este gel no cura nada, no calma lo suficiente.
Sí, pensé en ella. El otro día hablamos. ¿Si era una de esas cuatro? No, ella borra las cadenas de mensajes. Es diferente.
¿Y tu finde? ¿Hiciste algo?


lunes, 21 de mayo de 2012

Migas

Le paso a un amigo de un amigo. Posta te digo. Me dijo que el otro estaba en un bar. No, un café, de los viejos, de los que parecen bares. De esos. En capital fue. Sí, un domingo casi como el de ayer. Te lo cuento así mejor.

Es en un bar. Te puedo decir que queda en una esquina. De esos bares que tienen una especie de cantero sobre la ventana, donde crecen flores, de colores las flores. Las ventanas empiezan justo después de los hombros, para mostrar cuello y rostros a la calle.
Juego con el diario mientras espero el café. Siempre me pregunté por qué tardan tanto en un café si después tiene gusto a haber sido filtrado en una media de un jugador de rugby. No importa, yo esperaba. Miraba el diario, el reloj, el teléfono, la tele, a la moza, sí, creo que miré mucho a la moza.
La miré tanto que se acerco. Me pregunto de mala gana si necesitaba algo, si había perdido algún objeto o si quería aceptarle una foto así no tenía que mover el cuello cada vez que pasaba. Acomodé el diario, todos miraban. Miré el reloj, el teléfono y la tele. Llegó el café con un vaso de soda.
Justo entro ella, como apurada. Directo fue al baño, sin preguntar. Atrás de ella, la moza recordándole que el baño es solo para clientes. Desde el fondo del bar, se escuchó que pidió un cortado en jarrito, que lo deje en alguna mesa, para uno, del lado de la ventana.
Fue sorprenderte cuan rápido le trajeron el café. Salió arreglándose el saco. Al llegar a la mesa, se lo saco. Desprolijamente, lo solto sobre el respaldo de la silla. La miré. Justo frente mío quedaba su mesa. Me miró. Hizo una mueca, un saludo ensayado con los pequeños hoyuelos que se le formaban al sonreír.
Seguí con el diario. El país mal, el mundo mal, los ciudadanos mal, el fútbol mal, hasta los chistes mal desde que se nos fue Caloi. Le pregunto a la moza dónde queda el baño de hombres, gira la cabeza y gesticula con la pera y el entrecejo. Me levanto y me dirijo al fondo del bar.
Vuelvo. Me arremangue las mangas de la camisa y acomode algún mechón ante un espejo salpicado por gotas de agua. Laura estaba sentada en mi mesa. Ah, la que pidió el café desde el baño, se llamaba Laura. Supe que se llamaba así por una pulsera en su muñeca izquierda. Te decía, estaba sentada, se sentó, en mi mesa, frente a donde estaba sentado yo. La descubrí comiendo una masita que vino con mi pedido. Me miró, sonrió y me invito a sentarme a mi asiento, a mi mesa. Y me dijo que tenía que decirme algo.
- ¡Sos el hijo de puta más grande que jamás conocí! - gritó, levantándose de la silla al mismo tiempo, corriendo hacía atrás el asiento.
Los músculos de mi cara se acomodaron para demostrar sorpresa pero no alcanzaron a conjugar todo lo que sentí y pensé en ese momento.
- ¿Perdón? No te conozco. - repliqué. Sí bien tenía un aire de una conocida, no supe quien era. Últimamente, todas las minas me parecen iguales.
- No te hagas, no. ¿Acaso no te acordas? Todo lo que hice por vos, todo lo que deje, y ahora ¿no me conoces?
- Pero... Pero...
- Pero las pelotas. Esas que te faltaron, forro. - vociferó Laura, haciendo ademanes con las manos donde estaría ubicado su escroto en caso de tenerlo. Así, llamó aún más la atención del público. - Los préstamos que me hiciste sacar, las hipotecas que estoy pagando, mierda me hiciste las tarjetas. No tenes cara, no sos un hombre, Ricardo.
- Emm... Yo me llamo Fabio.
- ... - pensó Laura. - Ah, sos igual a un conocido mío. -  y volvió a su asiento y jugó unos instantes con unas migas de una masita que dejó sin terminar.

En los cafés que frecuento no pasan estas cosas. El wi fi arruinó las novelas en vivo.



sábado, 19 de mayo de 2012

Estación

Buenos Aires, a veces, es cruel.  Llueve, se interrumpe, sale el sol, humedad siempre presente.
Se contradice también.  Tiene sus cosas.  Pero es incomprendida, por eso hace lo que se le canta, es un llamado de atención.
Anoche, frío y leve llovizna.  Todo el día gris, bien gris. El sol brilló por su ausencia.  Claro, era de noche. Y los vi, ahí, estaban ahí nomas.  Los sentí cerca.  Por supuesto que no los conozco pero no dudo en que fui ellos en algún momento atrás.
No me vieron, no servía que me vieran.  ¿Para qué notar que estaba allí?  No importaba, daba igual. Como ese todo que pasa mientra nosotros vivimos, no sabemos acerca de todo pero igual vivimos. Y, así, ellos estaban.
Tal vez tenían miles de problemas, habían discutido y recién se estaban arreglando. Él la quiso dejar. Venía con la idea desde la casa, masticando el diálogo hace semanas. La quería, no cabía dudas, pero no era para él. No lo sentía así. Esas promesas que hizo, que se hicieron, no modificaban su decisión. Se veía, a futuro, solo. Su trabajo, su casa, su perro, su comida para uno. No quería hacerle mal pero era así. Dar malas noticias no era su fuerte y, más aún, cuando la quería. Su mirada, perdida en el horizonte, preguntándose cómo lo podría hacer, no se podía resistir, al verla, de darle un beso, acariciarle el pelo, rodearla con sus brazos, no podía, la quería.
El viento soplo tomándolos por sorpresa.  La vi cuando estaba acomodándose un mechón que el viento le quiso robar. Tenía dos ojos, con ellos miraba. Pero era la mirada más linda, con parpados que se cierran despacio, con ojos que te miran hasta el fin. Poca pintura en su cara, parada sobre el cordón de la vereda, tomándolo por el cuello a él a quien amaba. No le importaba el frío, el frizz, la humedad, la espera, todo se había arreglado. Habían discutido la semana pasada, no hablaron hasta hoy. Ella lloro al verlo. Todo lo malo que pensó sobre el desapareció cuando perdió el brillo de sus labios en el más tierno beso que jamás le habían dado.
Y vi como ella lo abrazaba. Con los dos brazos, sin guardarse nada. Él preocupado en otra cosa, en su futuro, mirando por encima del hombro de ella, parado en la calle, esquivando el agua que acompaña a los cordones.
El semáforo decidió cambiar su estado de animo y avance. Ellos se quedaron, ahí, como adornos, como la foto perfecta de una situación que pasa desapercibida. Como ese todo que pasa mientra nosotros vivimos, no sabemos acerca de todo pero igual vivimos. Y, así, ellos quedaron.

A veces, esta bueno esperar el bondi.


viernes, 18 de mayo de 2012

Diferencias

¿Sabes cuál es la diferencia entre vos y yo?
Claro, no la sabes. Tampoco es para preocuparse, yo tampoco lo sé. Sé, por lo menos, que somos diferentes. No sé si al punto de lo complementario, no me trago esa basura del amor único y dos almas en búsqueda de su otra parte. Es que me parece muy ilusorio. Somos seis mil millones de personas acá, por estos pagos y vos me queres decir que justo vos que te conocí en el barrio, en un bar, en la facultad, en un trabajo, en una ascensor, por medio de un amigo, por un mail equivocado, por un libro en común, y que estamos destinados y somos lo que el otro andaba buscando.
Perdón pero no me cierra. Para mí, el amor de mi vida debe de estar cociendo zapatillas en Indonesia al cómodo valor de 5 dólares el día. O tal vez se encuentre alistándose en la Cruz Roja, partiendo en este día de lluvia a Etíopia para devolverle al mundo siquiera algo de lo que ella tomo, consiguiendo dormir plácidamente al final del día. Tal vez hasta la conocí, la habré cruzado esperando algún colectivo, me habrá atendido a la hora de hacer una compra, tal vez me escupió al encontrarme mirando sus atributos o tal vez le deba plata y por eso ni se me acerca.
No sé. Últimamente estoy pensando en que mis días van a transcurrir en plena soledad. Pero no es nada malo, no te hagas drama. El problema no es uno sino la visión que da uno en la sociedad al estar solo.  Igualmente, esto es un tanto más crítico para las mujeres. Pero a nosotros también nos pasa, créelo. Nos pasa porque ves como el resto de tus amigos van adquiriendo parejas, hijos, cumplir con la biblia. Y vos no.  Sos envidiado por algunos y sentido en pena por otros. Porque es así. En un punto, a cierta edad, se ve a mal la no conformación de un prototipo familiar. Es como un protocolo. Cumplís 30 y deberías de empezar a tener un pibe. Mínimo. Digo no, no hace falta, no quiero. Por lo menos ahora no. Y me siento bien, no me preocupa. Pero a los demás sí. Es ir en contra de la costumbre, del orden establecido de las cosas. Por eso les jode.
Entonces, un domingo cualquiera, tal vez un sábado a la noche, una mención a un cumpleañero, alguna festividad religiosa o patria que amerite el aglutinamiento de personas consanguineas o de relación política, se produce el momento. Ese espacio entre el último que esta comiendo en una mesa larga, poco ancha, un rectángulo de madera sostenido por caballetes, decorado por un mantel de finas margaritas, ese mantel que la abuela sabe cómo cuidar luego de tantas reuniones y manchas varias. Como te decía, queda un espacio entre el inicio de la sobremesa donde pende de un hilo pasar a la próxima etapa de la reunión por aquel que llego tarde y come con la pasividad e impunidad característica o por aquel que esta desde temprano comiendo y parece que seguirá hasta que ardan las velas. En ese momento, llegará una tía, una prima, la abuela o quizás la novia o esposa de alguien. Siempre pero siempre va a ser mujer.
Te pregunta, impunemente. Pero antes de la interrogación, el momento ya había sido presentido. Claro, solo  las mujeres entendieron qué iba a pasar.
Entonces vos, hombre entrado en años, saliste del lugar de la mesa de los niños para compartir tu ensalada con los grandes. Ya nadie te mira de reojo al servirte un vaso de vino, de cerveza o lo que fuere. Podes opinar, estas en edad de opinar. De todo, no importa. Siempre tenes algo que decir de fútbol, de política, de minas.  Es básico, siempre algo nuevo de lo viejo inventamos.  Pero todavía no estas tan cerca de la punta de la mesa, de ese domo invisible, repelente, hacedor de respeto.  Estas en el grupo pero un poco más alejado.  Sos el medio entre hombres y mujeres.
Y ahí esta el momento.  Sabías que iba a llegar.  Te estuviste preparando pero, como todo en la vida, no hay preparación que valga en momentos como estos. Es ahí, donde te dije, que se te acerca alguien, mujer por seguro. Tu piel se eriza, una lenta y fría brisa rosa tu cuello, tu nuca. Ves el escenario, el contexto. Hombres riendo, varios vinos bebidos. El que sigue comiendo, mirando de reojo mientras hunde la mandíbula hasta el punto de casi comerse el plato. Mujeres que levantan una parte de la mesa, chicos corriendo, pidiendo monedas para ir a comprar algo al kiosko, tal vez alguna golosina que tanto añoran, de esas que también nosotros queríamos comprar.
Se sienta al lado. Te mira con una ligera sonrisa. Haces que no la ves y tenes tu cara, tu mirada, tu atención puesta en el extremo opuesto de donde se sienta. Te acaricia el antebrazo para llamarte. Tierna, dulce y sin ánimos de reservorio. Mujeres pasan por detrás de ustedes. De pronto convergen la mayoría enrededor de este suceso, se detienen con recipientes en las manos, poniendo su visión ante vos.
Animada, jugando con las sonrisas y las comisuras de sus labios, con el volumen y tono de voz justo, suelta.
- ¿Y tu novia?
Desde el fondo, se escuchan, como en un susurro, el caer de los cubiertos del último comensal.


jueves, 17 de mayo de 2012

Update



J dice:
y porq estas ofuscado?
Diego dice:
Porque tengo noni, me siento maso de ánimos y porque quiero comprarme un teléfono y, al parecer, voy a tener que esperar hasta el lunes porque personal no brinda un cambio de equipo conservando el mismo número por teléfono o Internet.
Es decir, tengo que ir a una oficina comercial a que hagan la gestión.  Putos, bien putos son.
Lo bueno que hoy me llamo una mina re copada,  la mejor onda y me explico todo lo más bien.  Pero me dijo que no iba a ser posible la gestión de esa manera.  Encima, yo amo que me lleguen cosas por correo, me siento importante y experto, como un 2.0.  Es re pro que venga alguien del correo ponele al laburo o casa  a dejarte algo bien copado, como un celular.
O como aquella vez que pedí las zapatillas de netshoes y vino oca a entregármelas.  Fue genial, casi orgásmico. 
Y aún recuerdo cuando la misma página me dio unos vouchers para despilfarrar y pedí una musculosa reef y me la trajeron a casa.  No estaba, la recibió papá y me contó que el del correo vino hasta con un cana.  Eso es SER IMPORTANTE. 
Y ahora me siento mal porque tengo que ir a una oficina comercial, algún agente oficial, a alguien que me atienda cara a cara y esto se podría hacer por Internet, sin tener que conocer a nadie, esperando en la comodidad de mi casa a que golpeen las manos y yo, así, ilusionado, esperando el momento, salga a abrir la puerta y encontrarme con el despachante.  Es como la mañana de navidad.  Para mí,
Es la misma sensación que debe de tener un jugador de algún deporte cuando se entera que lo convocaron para la selección.  O como cuando ganas el super mario 2 o como cuando completas un álbum de figuritas.
No sé pero me rompieron la emoción con un dulce tono de voz.



A todos aquellos...

Tengo celu nuevo.  Me actualicé.  Luego de casi cuatro años con mi gran amor de bolsillo, opté por uno con sistema operativo android  y otras boludeces.
Además, como si esto fuera poco, esta a abono.  Es decir que casi tengo crédito todo el tiempo.
Ahora pueden cerrar las bocas de asombro, bajar un poco las cejas y dejar de putear al aire por algo que no pueden creer.  A todos nos llega este momento.
Ahora me llega cuando menos preciso es.  Sé que te dije que lo quería hacer hace tiempo, tenerte gratis en todo pero no todo viene de arriba.  Hoy en día pago a cuenta gotas los errores que en un momento me parecían solo formas de demostrar nada.  Es así, no conseguí nada.
Dentro de mi autoreproche, no caben dudas de que soy el peor juez y el mejor condenado.  Ayer dije otra vez que la noche es la puta más cara y menos complaciente.  
Si te pudiera contar una historia más e invitarte a inventar.
No sé.
Tal vez me baje alguna aplicación que pretendan ser huevos y borre la parte del orgullo.
Pero... Nada.  Todos putos.





lunes, 14 de mayo de 2012

Erase it, please.

Si pudiera, lo haría.
Es terrible recordar.  Lo peor es que los recuerdos son buenos, por lo menos en estos casos.  Esa es la cagada de los mecanismos de defensa.  Lo malo se desecha, para en otra esquina, se viste de otra forma.  Lo bueno perdura.  Entonces, todo lo que pasa alrededor, todo estímulo, nos hace recordar.  Porque todo tiene que ver con todo y, aunque inconscientemente, queremos que tenga que ver.
Un perfume, una canción, un estreno del cine, alguna estación de subte o una plaza.  Todo apareja un recuerdo, evoca un sentimiento.  Todo es bueno.  Hasta el sexo dentro de la imaginación es el mejor.
Comenzas a suponer.  Toda pregunta empieza con un ¿Qué hubiera pasado sí...?, ya no pensamos con claridad, no hay proceso de razonamiento.  Descartes se nos mearía de risa en este punto.  Pero es así.  La verdad es así.
Ahora, ahora todo sale mal.  El otoño es gris.  Ya no hay color en las hojas, los arboles mueren de pie, previno Casona.  El café no tiene gusto, los mates son cada vez más amargos, tanto que el gusto abunda, perpetua en el aliento, en las ganas, en el desarrollo de los días.  Es imposible olvidar.
Las personas sonríen.  Parejas colman plazas, bares con mesas en la vereda.  Las hojas caen, construyendo tiernos colchones sobre el duro asfalto, sobre el frío diseño de estructuras que pisamos.  Ahora, es como salir a caminar después de enterarnos que todo termino, como Tom en five hundreds days of Summer.  Después del verano, llega el otoño.  Para mí, llego antes y mal.  Por lo menos hoy me sabe a mal.
Son momentos, claro, dirás.  Lo sé, te lo firmo, sellamos y archivamos.  Pero parecen no terminar.  Rachas malas, de las peores a enfrentar.
Hoy me pegó mal.  Pifiarla tan seguido, tan crudo no da.  Los problemas agobian todos juntos.  No dan un respiro.  Es como boxearse con Maravilla Martinez pasado en merca.  No sé, tal vez me da a mal porque no estas acá.
Lo dije.  Lo sé.
Y ya no sé si lo haría.  Si pudiese, tal vez lo haría.  Pero siento que pasaría igual.  Que te volvería a encontrar y te buscaría nuevamente.  Cometería los mismos errores, sería igual de idiota y te perdería nuevamente.
Por más que lo niegue, el orgullo torpe, el querer tener siempre la razón, el aburrirme del buen pasar, de ser infeliz por estar colmado de felicidad en el paraíso, me volvería a traicionar.  Soy tumultuoso, no me siento cómodo en la comodidad.  Tal vez querer meterle algo de novela a lo que fue nuestro, se me fue de las manos.
Creo que antes lo hice.  No sabré comprobarlo hasta que venga el diablo reclamando alguna deuda pendiente.
Quizás estamos corriendo del proceso, esquivando la suave y delicada caricia de la amnesia inducida.  Escondiéndonos donde la vergüenza abunda, en el momento incómodo.  Pero te escondiste muy bien, te perdí en la playa, te desmoronaste como la casa azotada por la falta de proyección, por ser incapaz de animarme, de no dejar de ser para que seamos.  Yo no fui más.  Perdí el tren, no intente encontrarte.  Creo que quise cuidarte, por más absurdo que suene.
Y aunque no lo sepamos o más allá del destructor paso del tiempo, siempre tendremos esas plazas, esos cafés, esos mates y ese verano juntos, bien lejos del otoño, frío, cruel y gris otoño.  Lejos de nosotros pero cerca, tan cerca.

El eterno resplandor de una mente sin recuerdos es la peor película para ver cuando extrañas al otro.


Clementine: Esto fue todo Joel, va a acabar inmediatamente
 Joel: Lo se.
 Clementine: ¿Y que haremos?
 Joel: Disfrutarlo

sábado, 12 de mayo de 2012

Cameron Diaz se hizo las tetas


Y yo recién me entero.

Y de bestia y agazapado, gúgleo "Cameron Diaz se hizo las tetas".  Luego me quejo de la falta de sentimientos, de la amabilidad, respeto y cordialidad.
Es que si la veo a la Diaz, lo menos que pienso es en protocolo.

viernes, 11 de mayo de 2012

Excusez-moi

No solo las mujeres sufren o la pasan mal por los adjuntos que tienen y son malas personas.

Leo blog tras blog sobre quejas de féminas que fueron abandonadas, engañadas, mal tratadas e irrespetadas por pedantes novios, maridos, pretendientes, allegados o lo que fueren.  Entiendo por pertenecer al gremio masculino que podemos ser bastante soretes pero, desde mi perspectiva, es sin maldad.  Es decir, si no queremos más nada es porque no queremos más nada y no nos sale caretearla.  Hablo, en este punto, de forma general acorde a mi experiencia y a la de mis compatriotas.  Sé que hay otros rondando que no son dignos de siquiera respirar el mismo aire que nosotros pero no quiero ahondar en detalles dedicando punto por punto.

Simplemente pasa.  Por lo general, tendemos a ser lo que nos dictan nuestros sentimientos.  A veces pienso lo siguiente con una analogía.  No somos unos fenómenos en demostrar que sentimos, no nos enseñaron a expresarlo o dirigirlo.  Desde chico escuchamos cosas como Los hombres no lloran, Eso un hombre no lo hace, Patea la pelota como hombre, etc, etc.  No me quejo de mi crianza ni mucho menos pero es lo que hemos adoptado y, sin querer, lo transferimos a nuestros sucesores.  Es así como nos van solicitando respuestas como el perro de Pavlov.  Obviamente, el can aprendió más rápido.  A nosotros nos cuesta más.

Yo y otros también pasamos malos ratos por minas.  Cierto es que no nos dijeron qué teníamos que hacer con esos sentimientos.  ¿Demostrarlos?  ¿Llorar?  ¿Suplicar?  Y es ahí cuando resuenan frases como Los hombres no lloran.  Esta bien no arrastrarse por algo que no vale la pena, no pedir por qués, suplicar, lamentarse y llorar por ese alguien que en realidad era un mero peaje en la ruta de nuestra vida.  Un peaje en la hora pico.

Hoy en día hay mucha perra dando vuelta behind blue eyes.  No espero nada de nadie.  No creo que exista el mejor de todos.  Somos todos iguales pero diferentes.  Ser diferente de una forma constructiva y positiva es genial.  Encontrar a una persona que te complemente, te plante desafíos diarios pero de los tipos procreativos debe de ser fantástico, no sé dónde cabría el aburrimiento allí.  Sin embargo, momentos diarios donde mi juventud es acompañada por personas con pocos compromisos y no hablo de los sentimentales sino, más bien, de todo tipo.  Los proyecto de vidas no son nada, pensar a futuro es imaginarse en algún boliche el finde y así.  No reniego contra ello por el simple placer de que los demás puedan decir que no vivo la vida sino porque es preocupante que nadie se tome siquiera una mínima porción de la vida en serio.  Los viejos no van a estar para siempre junto a nosotros.  Una vez un profesor de la facultad contaba sobre sus primeros pasos laborales.  Básicamente, al cumplir los 18 años de edad, el padre lo encaró y le dijo "Nene, anda a buscar trabajo".  Él, ahí, supo que se le había terminado el contrato con el sponsor.

Qué se yo.  Mucho gato.  Mucho cordero suelto y lobo atado.

Hasta pedir perdón se convierte en moneda corriente por ser común la condena a muerte primero y después declaralo inocente.  La cobardía excesiva, atajándose de lo que puede llegar a ocurrir por un acto de la conducta, no va.  A enfrentar lo que uno hace y dice.

Soy por demás consciente que me sacaron del horno un poco antes de terminada la cocción pero algo he aprendido.  Me autodefino como un boludo, lo sé, pero es en un aspecto más inocentón o de entrañable vividor del pasado, del que no hay que quemar etapas rápidos, de un antiguo por así decirlo.  No implica que los malabares puedan hacerse con mis sentimientos.

Pedir perdón es saber que algo que hicimos estuvo mal.  Es arrepentirse y querer enmendarlo, intentando volver al statu quo ante.  Imposible, ciertamente.  Pero, mi querido Watson, siempre hay algo elemental.  El papel una vez arrugado y hecho un bollo, no vuelve a la limpia y prolija estética que supo tener.

Siento que voy a terminar como Forrest Gump.
Toda la vida esperando por la mujer de mis sueños, viviendo la vida esperando ansiosamente a que tire piedritas a mi ventana nuevamente.  Toda la vida esperándola mientras que ella, tan puta y tan psicodelica, vive su vida, sabiendo que hay un deficiente a su espera.

No seremos la mejor opción, mis amigos.  Siempre el plan b.  Pero, a diferencia de Forrest, no tengo dificultades neurológicas y mi ventana no da a la calle.




miércoles, 9 de mayo de 2012

Gay

Así me sentí cuando al estar haciendo la fila en la perfumería (ya decir perfumería en vez de farmacia es de mariposón) y percatarme que estaba lleno de mujeres y que no llevaba conmigo ningún producto o elemento masculino.

Llevar un acondicionador, un shampoo y un talco no es de muy macho.

La próxima pido un preservativo de cada tipo, prestobarbas y algún instructivo para cazar venados.


martes, 8 de mayo de 2012

Mi abuela, infalible

A medida que crecemos, notamos ciertos cambios acerca de nuestro estilo de vida, de música, arte, etc.  En realidad, muy pocas veces lo notamos pero siempre están las fotos de hace dos años atrás donde vemos que no somos lo que supimos ser y que tampoco seremos lo que sabemos ser hoy en día.  Es así que vamos etapa por etapa pensando que seremos de tal o cual forma por siempre, que nadie podrá cambiar nuestro parecer, que todo lo que decimos y hacemos podemos firmarlo ante escribano público y todo.  Es obvio que nada es así.  Es que las filosofías son hijas del tiempo, de esos que cambian y cambian a las filosofías.

Hoy en día noto cómo las conversaciones, por ejemplo, cambiaron.  Antes, cuando utilizábamos indiscriminadamente el msn para arreglar salidas, dónde se iban a hacer las previas, de cómo fue el desarrollo del partido de la fecha, sobre cómo andábamos con las minas sin que sean nuestras novias, de música, de etcéteras  carentes de trascendencia en la sociedad o historia del hombre.  Pero eramos felices.  Tiernamente, creo que ninguno pensó que eso duraría aún menos de lo que dura una novia en decirte Necesito un tiempo a enterarte de que anda con otro.  En cambio, en nuestra actualidad, me percato que los tópicos de conversación son laburo, estudio, familia en general y novia.  Nada más.  ¿Qué nos ha pasado?  Al parecer, hemos perdido todo sentido de la vida para alienarnos en sentirnos contento con nuestro laburo, sabernos estudiando, que la familia anda bien y que la persona a nuestro lado esta pensando en cómo vamos a llamar a nuestro primer hijo/a.

Desde mi perspectiva, no tengo contacto con muchas personas y no sé mucho más allá de aquellos que me rodean o estuvieron casi siempre a mi lado.  Ellos mismo saben que mi teléfono esta siempre carente de crédito y que no tengo redes sociales de tal forma me contactan para saber cómo estoy, en qué ando y si ya embaracé a alguien.  Eso es lo bueno de aislarse del resto haciendo caso omiso a la masa que te dice Hacete un face.  No sabes nada de nadie.  Me parece espectacular interesarse por la vida del otro y buscarlo de una forma más personal para saber cómo esta y qué es de su vida, acompañado solo con el interés de acercarse a aquel quien fue distanciado por el decurso de la vida.

Es así que este lado positivo, caracterizado por los demás como un anti, aislado o weird, trae su lado, digamos, no positivo.  Hay cosas que pasan en la vida de uno que si no las comunica en el momento, se van perdiendo en el olvido, careciendo de importancia por su falta de actividad en la vida presente de cada quién.  Es así que lo que hoy importa demasiado desaparece de pronto, nos abriga la peor depresión y nos enterramos en el pozo más inhóspito al cual podemos llegar pero, cuando todo parece perdido, el paso del tiempo nos va diciendo que eso que nos afectó ya no es tanto, no tiene la misma significación que antes, es decir, ahora estamos bien.  Es como cuando se me cortó la cubierta del auto, a la una de la madrugada, con auxilio pinchado, rodilla esguinzada, en un lugar de mierda sumado a la falta de batería del teléfono; pensé que me moría, que esa era la peor situación de mi vida. Hoy en día lo recuerdo como una mera anécdota y tener más presente el control de la rueda de auxilio.  Sí a eso no lo comunicaba inmediatamente, a la larga se iba a ir de mi sistema.

Ahora bien cuando uno esta en el medio del olvido de lo acontecido, es decir, que no superamos completamente la parte que nos da tristeza por esa que nos da risa, nos encontramos en momentos incómodos.  Más aún, cuando intentamos evitar a toda costa algún estimulo que nos haga recordar a ese momento.  Ponele, ahora intento evitar pasar por ese lugar donde quedé varado.  Es como un mecanismo de defensa del cual hacemos uso.  Pero, como parte o no de ese mecanismo, comunicamos a los demás lo que nos acontece para que sean precavidos a no brindar impulsos que despierten en uno lo que queremos olvidar. Eso es lo bueno de las redes sociales.  Sí estas para el traste, solo tenes que pedir que no te hablen más de tal o cual tema, que no mencionen a tal o cual persona y san se acabó.

La cagada es que no tengo algún medio comunicativo más que este.  Y, aunque tuviese otro más masivo, no llegaría a todos.  Menos aún a mi abuela.  No hay defensa contra ella y su pregunta cargada de averiguación:

- ¿Y tu chica, Dieguito?
- Emm...  Bien, abuela... Esta en la casa, creo.


domingo, 6 de mayo de 2012

Situación

Leyendo la tercera parte de esta situación, vino a mi mente aquella vez, donde siendo todavía muy joven, iba mechando formas alternativas de no pronunciar la pésima realidad.  Aún hoy en día, lo sigo haciendo para el carajo pero me acordé del momento y se me esbozó una gran sonrisa por saberme tan idiota como antes.

A saber:

Ella: Sos muy lindo.
Yo: Vos también sos muy linda.
Ella: Ay, no, sos hermoso.
Yo: Ahh vos también sos hermosa.
Ella: Te quiero... Mucho.
Yo: Yo también te quiero y mucho.
Ella: Te amo.
Yo: ...
Yo: Vos...  Sos tan...  Sos tan adorable, divertida, simpática.  Ay... Como te quiero.


viernes, 4 de mayo de 2012

Dormir al sol

Siempre fui un tanto positivista a la hora de verle el lado bueno de las situaciones.  Ejemplo claro resulta de pensar que el tiempo no se pierde sino que se aprovecha de otra forma.  Claro esta que decirle esto a una persona que le queda una materia para recibirse en la escuela de leyes y que esta pensando en tirar todo al tacho para dedicarse a pleno a la fotografía, no le causa mucha gracia ni le soluciona ningún tipo de problema.

Para mí, esta bueno pensar que las cosas pudieron ser peores, que por suerte puedo seguir contando todo y que hasta ahora no tengo un prontuario, régimen de salidas transitorias o saberme reconfortado por no estar escribiendo esto desde una celda de 12 metros cuadrados acompañado por la cálida presencia de otros 4 compañeros maleantes.

Duran Duran
Pero el hecho de saber que tome un camino, una decisión, una acción, una causa para un efecto; me pica en la conciencia saber dónde estaría parado hoy en día si, digamos, en vez de seguir Relaciones del trabajo como carrera universitaria, hubiese optado por Psicología, Letras o Historia.  O, mejor aún, ¿qué esta haciendo ahora mi otro yo, en un mundo paralelo, donde cambiaron la elección de las pequeñas decisiones que gravitan en el día a día?  Es decir, en vez de cerrar mi cuenta en Facebook, ¿tendría este blog?.  Otro ejemplo es si ese día que me levante curioso y dije "Nunca escuché nada de los Doors y todos dicen que es buena banda, veamos qué onda" hubiese cambiado por un "Nunca vi una porno gay de hombres, veamos qué onda" no creo que sea admirador de los Doors y, probablemente, a esta hora estaría haciendo fila para ir a ver Duran Duran.

De todas formas, el día de hoy me preocupa pensar si hoy en día entendería algo sobre Estadística II si hubiese hecho algún ejercicio los últimos 20 días.

Aunque, dentro de que Estadística no me importa tanto ya que debería estar practicando ahora y no pensar a qué religión pedirle el milagro de un aprobado, lo que hoy en día me trae cierta rabia con mi yo del pasado, es no haberme enterado de ciertos hechos que pudieron hacerme feliz.  No quita que los mismos sean apreciados hoy en día pero hubiere sido realmente oportuno el enterarme dentro de los días de los acontecimientos como para aprovecharlos completamente.

Es algo como el Efecto mariposa.  Y, de forma un tanto gráfica, la teoría del Caos lo resume en It has been said that something as small as the flutter of a butterfly's wing can ultimately cause a typhoon halfway around the world.  Seguramente, todos nos hemos preguntado lo mismo luego de ver la película.

Básicamente, me acabo de enterar que hubo un Ciclo de cine en base a novelas de Bioy Casares.  Claro esta que estuve buscando para ir pero, lamentablemente, fue en marzo... Del 2009.
Lo bueno fue enterarme que hay más películas, cortos y mediometrajes en base a escritos de mi tan querido autor.  Lo que también me llevo a reflexionar en qué hubiese pasado si no aceptara el libro que me prestó mi profesora de Lengua en el último año de la secundaria.  ¿Qué leería ahora?

Siguiendo con mi ñoñez de lector, encontré que hicieron película la novela Dormir al sol.  Y, como niño en la mañana de navidad en búsqueda de sus regalos, emprendí una austera y escasa búsqueda de entradas, fechas, días, salas, etc.

Se estrenó el 15 de marzo del presente año.

Por las bolas me da la vida, bien por las bolas.





jueves, 3 de mayo de 2012

Cotidianidad

Sucesos de la clase media, tirando a lumperproletaria.


Piba Vane:
Eu

Diego: 
Piiibababababa

Piba Vane:
Jajaja boludo, puse la sube y me quedé esperando el boleto.

Diego: 
...
Jajajajajajajajajaja
¡Estas cosas no son para vos!

Piba Vane:
¿Por qué no me avisas como es?
Lo peor fue que dejé pasar un señor para ver cómo era.
Estuve pilla y todo.

Diego:
A veces, el zorro sabe más por viejo que por zorro.


- ¿Dónde esta el boleto, Willis?

martes, 1 de mayo de 2012

Anoche

Ante todo, aclaro que no hay ánimos de ofender, de personalizar o de que esto pase más allá de una simple rejunte de letras sobre lo que hablábamos anoche con amigos.


Ayer, nos dimos cuentas de que estamos "grandes".

Si bien, somos pequeños púberes, fluctuando entre el abandono de la adolescencia y la bienvenida de la juventud plena de responsabilidades y de pocos goces, llegamos a la conclusión de que no somos como los demás.  Esto no es por creernos más (ya que ni siquiera tenemos con qué como para sostenerlo desde esa perspectiva) o de una forma de despotricar a los otros.  Es el simple hecho de que notamos que ya no hacemos lo de antes o lo que nuestros contemporáneos hacen.  Tampoco es vivir comparándonos pero somos animales sociales y, a veces, para bien o para mal pispeamos al otro para ver cómo va sin evitar el contraste del cómo nos va a nosotros.

Vimos muchos, en la noche, que salían.
Chicas que no reparaban en maquillaje, vestidos escasos haciéndole frente al frío y a vientos atemorizantes y echando humo, bajando o subiéndose de autos.  Adentrándose a la noche que, antes, supimos conocer modestamente.
Galancitos, con sus mejores prendas para la ocasión, imperiosos por entrar, agolpados en las entradas, tomando hasta donde se pueda, descartando envases vacíos, colillas de cigarrillos y dejado caer sus mandíbulas por esas muchachas tan provocativas.

- Ya no sé cómo salir vestida.
- Bueno, si hablamos de ese aspecto, yo tampoco.  No sé qué esta de moda o qué tengo que ponerme para ser acorde.
- Ponele.  El otro día fui a una reunión con jean, zapatillas, tranqui.  No estaba mal pero no era un terrible gato.  Y cuando pasamos cerca de los bares y vi a esas pendejas que me ven como una profesora de catequesis, pensé Esta es lo que yo me pongo para salir, a estas seguro que le parecer ropa de todos los días.  Así, no.  Paremos acá.
- ¿Pero viste cómo vienen las nenas de hoy?  Para mí que alteraron el agua.  Encima, todos los pendejos ya salen con auto y con unos re fierros.  Sí habremos esperado el bondi en noches de invierno, más frías que esta.  Por ejemplo, el otro día vi, a la noche, a una parejita de 17 - 18 años que habían salido del cine y esperaban el colectivo.  Me dio esa ternura de viejo, ¿viste?  Decir viste es de viejo también, ¿no?  Bueno, me causo un no sé qué.  Como cuando nosotros lo hacíamos.
- Más de viejo es decir vistesss.  Ya te falta cada vez menos, tranquilo.
- Bueno, también pasa eso.  ¿Cómo me paro al lado de una de 17 que raja la tierra?  Boludo, no tengo nada que hacer ahí.
- ¿Y nosotros?  Ya ni nos acordamos cómo chamuyar.  ¿Qué se dice ahora?  Aparte, por lo que me cuentan y puedo llegar a ver, son dos palabras y a los bifes.  ¿Hay alguna especie de código binario chamuyil del cual no me enteré?
- También a nosotras nos pasa.  No da que venga cualquier langa hacerse el macho alfa y que te quiera chamuyar con sandeces.  Y lo que sigo sin entender, es cómo salen en invierno la gente.  Es decir, hace mucho frío.  ¿Dónde te metes tanta ropa?
- Aparte de eso, debido que hace un montón que nadie pisa un boliche de esta mesa.  Digo yo, ¿qué carajo se baila?
- Ah, boludo, yo no sé cómo chamuyan bailando reggeaton.  Es decir, tenes que perrear y toda la pelota, no sé, no me convence.
- Vos porque sos mina y te limitas a contestar, la tienen más fácil, digamos.  Pero nosotros tenemos que estar a grito pelado, parecer interesantes, evitar desmayarlas con el hedor etílico y bailar.
- Ya no estamos para eso.  Es como que desencajamos de los otros.
- Para mí, nos pasa por intentar otras cosas.  Somos medios anti y no nos cabe nada.


En ese momento, enrededor de una mesa poco redonda, todos sentimos que ya pasamos una etapa.  A mí, por ejemplo, me gustaría recorrer San Telmo y ver qué ofrece.  El año que viene, quiero ir a hacer el carnaval.  Quiero ver el sueño de los héroes
Parecemos un poco viejos pero quedarnos hasta las cuatro de la mañana jugando al ChanchoVa o a un Pictionary de películas nos sentó bien.
Sí a las noches de linda música de ambiente, entre amigos, donde el protagonista sea lo que cada uno tiene para decir.



Pulp Fiction

No recuerdo si me ha pasado pero, si me sucedió, habrá sido hace mucho.

Creo que es la primera vez que estuve en un pico de suspenso y tensión producto de las ideas de Tarantino.  Y, más aún, cuando esperaba que, de un momento a otro, lo llenaran de plomo al negro.
Tal vez, sacada de contexto, no tiene mucha gracia pero, como venía la mano, es de puta madre.


Y, no puede faltar, esta parte.

- Oh man, I shot Marvin in the face.


Gran película.  Digna de ser vista.