martes, 8 de mayo de 2012

Mi abuela, infalible

A medida que crecemos, notamos ciertos cambios acerca de nuestro estilo de vida, de música, arte, etc.  En realidad, muy pocas veces lo notamos pero siempre están las fotos de hace dos años atrás donde vemos que no somos lo que supimos ser y que tampoco seremos lo que sabemos ser hoy en día.  Es así que vamos etapa por etapa pensando que seremos de tal o cual forma por siempre, que nadie podrá cambiar nuestro parecer, que todo lo que decimos y hacemos podemos firmarlo ante escribano público y todo.  Es obvio que nada es así.  Es que las filosofías son hijas del tiempo, de esos que cambian y cambian a las filosofías.

Hoy en día noto cómo las conversaciones, por ejemplo, cambiaron.  Antes, cuando utilizábamos indiscriminadamente el msn para arreglar salidas, dónde se iban a hacer las previas, de cómo fue el desarrollo del partido de la fecha, sobre cómo andábamos con las minas sin que sean nuestras novias, de música, de etcéteras  carentes de trascendencia en la sociedad o historia del hombre.  Pero eramos felices.  Tiernamente, creo que ninguno pensó que eso duraría aún menos de lo que dura una novia en decirte Necesito un tiempo a enterarte de que anda con otro.  En cambio, en nuestra actualidad, me percato que los tópicos de conversación son laburo, estudio, familia en general y novia.  Nada más.  ¿Qué nos ha pasado?  Al parecer, hemos perdido todo sentido de la vida para alienarnos en sentirnos contento con nuestro laburo, sabernos estudiando, que la familia anda bien y que la persona a nuestro lado esta pensando en cómo vamos a llamar a nuestro primer hijo/a.

Desde mi perspectiva, no tengo contacto con muchas personas y no sé mucho más allá de aquellos que me rodean o estuvieron casi siempre a mi lado.  Ellos mismo saben que mi teléfono esta siempre carente de crédito y que no tengo redes sociales de tal forma me contactan para saber cómo estoy, en qué ando y si ya embaracé a alguien.  Eso es lo bueno de aislarse del resto haciendo caso omiso a la masa que te dice Hacete un face.  No sabes nada de nadie.  Me parece espectacular interesarse por la vida del otro y buscarlo de una forma más personal para saber cómo esta y qué es de su vida, acompañado solo con el interés de acercarse a aquel quien fue distanciado por el decurso de la vida.

Es así que este lado positivo, caracterizado por los demás como un anti, aislado o weird, trae su lado, digamos, no positivo.  Hay cosas que pasan en la vida de uno que si no las comunica en el momento, se van perdiendo en el olvido, careciendo de importancia por su falta de actividad en la vida presente de cada quién.  Es así que lo que hoy importa demasiado desaparece de pronto, nos abriga la peor depresión y nos enterramos en el pozo más inhóspito al cual podemos llegar pero, cuando todo parece perdido, el paso del tiempo nos va diciendo que eso que nos afectó ya no es tanto, no tiene la misma significación que antes, es decir, ahora estamos bien.  Es como cuando se me cortó la cubierta del auto, a la una de la madrugada, con auxilio pinchado, rodilla esguinzada, en un lugar de mierda sumado a la falta de batería del teléfono; pensé que me moría, que esa era la peor situación de mi vida. Hoy en día lo recuerdo como una mera anécdota y tener más presente el control de la rueda de auxilio.  Sí a eso no lo comunicaba inmediatamente, a la larga se iba a ir de mi sistema.

Ahora bien cuando uno esta en el medio del olvido de lo acontecido, es decir, que no superamos completamente la parte que nos da tristeza por esa que nos da risa, nos encontramos en momentos incómodos.  Más aún, cuando intentamos evitar a toda costa algún estimulo que nos haga recordar a ese momento.  Ponele, ahora intento evitar pasar por ese lugar donde quedé varado.  Es como un mecanismo de defensa del cual hacemos uso.  Pero, como parte o no de ese mecanismo, comunicamos a los demás lo que nos acontece para que sean precavidos a no brindar impulsos que despierten en uno lo que queremos olvidar. Eso es lo bueno de las redes sociales.  Sí estas para el traste, solo tenes que pedir que no te hablen más de tal o cual tema, que no mencionen a tal o cual persona y san se acabó.

La cagada es que no tengo algún medio comunicativo más que este.  Y, aunque tuviese otro más masivo, no llegaría a todos.  Menos aún a mi abuela.  No hay defensa contra ella y su pregunta cargada de averiguación:

- ¿Y tu chica, Dieguito?
- Emm...  Bien, abuela... Esta en la casa, creo.


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