miércoles, 29 de febrero de 2012

Recetas

Muchos productos (en su mayoría del tipo comestible) traen, como nueva estrategia marketinera, con su packaging, diferentes procedimientos del tipo gourmet.

Es así que compramos un paquete de arroz o fideos y te enseñan, con las más intrincadas vueltas, cómo preparar exquisiteces en las cuales podes llegar a gastar más guita que esos fideos con manteca o arroz con atún que pensabas comer a estas alturas del mes.

Lo extraño, y son de estas clases de cosas con las cuales me sorprendo de la vida misma, es que esas recetas llevan de todo MENOS el producto que esta en el interior.  Para ser realista, lo lleva pero en porciones tan ínfimas que carece de significado comprarse un paquete del producto con receta.

Pero aún más aniquilante es que te compres una cajita de fósforos y que la misma venga... CON UN INSTRUCTIVO PARA HACER EMPANADAS.

Así es.  En parte trasera de la caja de fósforos reza un comunicado que orgulloso proclama: RECETA Nº 17 EMPANADA SALTEÑA.        ¿¿¿¿WTF????

Obviamente, la única intervención del producto es en la primera oración que dice: "Encender una hornalla y el horno con fósforos GRAN FRAGATA...".

Luego, se detallan los ingredientes y qué hacer con ellos.

Me pareció tanto o menos al dope que encerrar a 20 personas en un casa y ver qué hacen en el encierro por más de 4 meses sin un fin, aparentemente, productivo o específico.


"Prender una hornalla con Fragata y calentá la pava con agua.
Luego podrás tomar mate, té o lo que sea pero caliente."

martes, 28 de febrero de 2012

Libros

Lo triste de los libros es que de primera no los entendemos.

Lo triste de los libros es que sí lo entendemos.

Lo triste de los libros es que nunca sabemos qué quiso decir el autor.

Lo triste de los libros es que queremos escribir uno pero las ideas no nos dan para concebir un árbol o plantar un hijo.

Lo triste de los libros es que imaginamos el final y, si lo adivinamos, se vuelven más tristes.

Lo triste de los libros es que a veces los leemos y, otras veces, ellos nos leen a nosotros.

Lo triste de los libros es que pocos se prestan.

Lo triste de los libros es que muchos no se devuelven.

Lo triste de los libros es que juntan polvo.

Lo triste de los libros es que no nos atrevamos a soplar ese polvo.

Lo triste de los libros es que busquemos en ellos respuestas sin antes hacernos preguntas.

Lo triste de los libros es que los entendamos del todo.

Lo triste de los libros es que podemos entrar a otros mundos siempre olvidándonos del anterior.

Lo triste de los libros es que tienen un final.

Lo triste de los libros es que sus autores tienen un final.

Lo triste de los libros es que los acomodamos en estantes.

Lo triste de los libros es que no podamos leerlos a todos.

Lo triste de los libros es que pueden llegar en el momento equivocado.

Lo triste de los libros es que los tengo que suspender entre los cuatrimestres.

Lo triste de los libros es que tienen un final.

Lo triste de los libros es que nunca leemos al mejor.

Lo triste de los libros es que nunca busquemos al mejor.


Libros

Símbolos

Si bien todo me parece raro y no creo en la normalidad, no dejo de sorprenderme de los actos humanos.

Es curioso como la humanidad entera precisa de los símbolos.

Todo acto, hecho, sentimientos, etapas o eras están marcadas por elementos o significantes en los cuales volcamos la carga emocional, los significados, de los primeros.

De esta forma, los símbolos van "delimitando" sucesos.  Son el principio y el fin de lo que nos va sucediendo.

Así como la raza humana toma la invención de la escritura como el comienzo de la historia y empieza  a dividirse entre periodos antiguos, medios, modernos y contemporáneos por diferentes caídas de imperios, renacimientos y etc, etc., puedo decir que puedo dividir mi historia con el primer recuerdo, el enterarme de la inexistencia de papa noel, etapas estudiantiles, la primera vez que pisé sociales, haber leído uno que otro libro y demás.

En ocasiones, sin querer, historias o histerias nos van delimitando nuestras etapas.

A veces recordamos qué símbolo nos empujó de las tinieblas más propias.

Porque creo en el eterno retorno, me siento capaz de decir que la vida misma es como la historia de la humanidad.

Antes de entrar en una nueva etapa esplendorosa, pasamos por nerviosas crisis repletas de infortunios, de calles sin salida, de preguntas sin respuestas y de respuestas que no queríamos conocer.

Marx dijo (dentro de todo lo que dijo) que las fuerzas productivas que avanzan hoy al futuro, chocan con el freno de mano que les ponen las relaciones de producción.  Por ello, habrá que dejar el campo preparado para que se agiten las aguas y que todo siga; siquiera hasta el próximo periodo donde las nuevas fuerzas productivas le tiren la bronca a las renovadas relaciones de producción.

Pero sin querer irme más allá del tema, aunque todo tiene que ver con todo, sé que tuve, tengo y tendré símbolos.

Justo cuando menos quería hablar de ellos, voy leyendo "Plan de evasión".  Nunca pensé entenderme con alguien tan bien.  Nunca pensé que ese alguien me hablará desde el menos allá sino más bien del pasado.

Por eso creo en el eterno retorno.  Por eso algo cambió.  Por eso fue un símbolo.


Se me hace que si sigo hablando de Marx, voy a terminar mis días
en el lugar donde apaciblemente se puede hablar de progresismo
pero, eso sí, bien lejos del sexo opuesto.

domingo, 26 de febrero de 2012

Murmullos

Antes tenía más inspiración y escribía un poco más.  Nunca quise llegar a nada escribiendo, tal vez solo a confundir o que cada quien entienda lo que quiera.

Poder pensar.

Esto lo habré escrito hará tres o dos años atrás.  Es lindo ver mi recuerdo y que no sea por fotos.

Las fotos no transmiten sentimientos.




Comencemos así.
Nunca entendí por qué escribo o si soy yo el que escribe todo lo esquematizado.  Lógicamente soy yo pero la lógica no me convence últimamente.  Siento y pienso que lo lógico obedece sólo a lo objetivo, a lo abstracto, a lo verdadero, a lo cierto, a “la razón pura”; nuevamente con mi somatización. 
Retomando.  El humano no es lógico, no es predecible ni ideal.  Es el que piensa la lógica, el que piensa la predicción y el que piensa las ideas.  Tan sólo eso.  Ahora es lógico pensar la existencia de otro yo respirando razonamientos en los confines de un mundo abstracto. 
Sería un lindo encuentro si algún día acordamos una reunión.  Una vez apuntamos a una citación pero llegué tarde, otra vez.  Tal vez confío demasiado en mi perfección imperfecta, tal vez mi error más fatal es llenar de fé a ese reloj ajustado por otro.  Creo que mi hora no es la misma que la de él.  No creo que en su mundo haya noches.  No tan oscuras como las que he visto.
Debe de ser que me cansé de tantas reglas ortográficas.  Es verdad.  En sí, me cansé de las estructuras. ¿Por qué la poesía debe de estar situada en versos o con tanto simbolismo o con esas octosílabas irritantes?  Es ponerle barreras a la imaginación, al frenesí de las ideas, al estallido de sentimientos que conspiran más rápido que cualquier mano ágil para las letras.  Quizás por ello es que no nos encontramos todavía, tu mundo impera de reglas y estructuras que yo intento destruir o más bien de construir a partir de todo eso. 
Ahora no sé quién es el que tiene el tiempo exacto. 
En este momento, yo puse el reloj en hora.

viernes, 24 de febrero de 2012

Problemas

Una vez me dijeron: "Si tenes un problema que tiene solución, no te hagas problema porque ya se va a solucionar.  Si tenes un problema que no tiene solución, no te hagas problema porque no se va a solucionar".

Suena fácil y obvio pero a veces no logramos ver más allá de las tinieblas que nos invaden antes las dificultades que interponen el curso "normal" de la vida.
Sucede que al tener uno o varios problemas, nos embargamos a deambular por los pasillos de nuestra mente y alma intentando una solución factible.

Lo curioso de los problemas es que, si bien son tácitamente diferentes, en el fondo tienen la misma carga emocional que ayuda a que todos podamos compartir la angustia que aparejan.  El tema que la carga emocional depende de la personalidad de cada quién y qué le preocupa a cada uno.

Recuerdo a un viejo-joven que me dijo algo sobre que así como en la ciudad a alguien le puede preocupar el tránsito, no poder cambiar el auto o que no siga bailando Tito en afamado programa; a otro par adentrado en la vida de campo, le puede preocupar de la misma forma una alambrado caído, que no llueva o que no siga bailando Coqui.

Y sí, cada loco con su tema.

El tema es que los problemas no aparezcan en el "debe" del libro diario que es la vida sino que puedan ser entendidos como experiencias, como anécdotas.  Que todo sirva para contárselo a nuestros nietos y cagarnos de risa en algún asado de domingo.

Sin la tristeza o la angustia no existe la felicidad o la alegría.


Calambres en el alma .

lunes, 20 de febrero de 2012

¿Por qué Carmelo?

En Carmelo no hay nada.

Si no fuese por ciertas fases tecnológicas que estructuran a los conjuntos sociales, se podría decir que la ciudad uruguaya no dista edílicamente de lo colonial.  Casas viejas pintadas de colores vivos, calles empedradas, mucha plaza, poco centro, cero puestos de venta de carnada para pesca y pequeña playa a márgenes del río Uruguay.

No hay nada.

A  muy pocos se les habrá ocurrido alguna vez decir: "Estas vacaciones pateo el balde y me las tomo a Carmelo".

Soy uno de esos pocos.

El tema acá no es que busqué joda, conocer algún atractivo o aquello que moviliza a las personas largarse a la ruta e ir a algún hormiguero alejado de casa sino que fue cumplir una especie de sueño.

La ciudad de Carmelo es, para mí, la perfecta conjugación de lo que quiero.  Es tan solo figurativa, simbólica, algo que es y no lo es.

Puse el dedo en el mapa y recorrí mil veces el camino a hacer.  Tuve un intento anterior de llegar pero los jirones en el aire del destino no me dejaron acercarme siquiera al paso fronterizo.

Mil veces pensé qué encontraría allí, si era posible encontrarme o, mejor, perderme para poder ser de nuevo.

El tema es por qué llegué a esta localidad.  

Fue la perfecta conjugación de dos libros.  El primero, el cual me movilizó a tomar  camino por las rutas, es aquel que trata sobre la vida tumultuosa de Chris McCandless.  La inspiración nació luego de leer el libro.  Creo que marcó un antes y un después sobre mi forma de percibir la realidad que me rodea.
Luego, una vez tomada la decisión de irme había que apuntar un destino.  Es así que recordé como por arte de magia, haber leído un cuento de mi autor favorito Adolfo Bioy Casares quien escribió "Plan de escape al Carmelo".  En sí, toda la historia narrada no tenía ninguna referencia a la ciudad más allá de nombrarla pero no faltaba más para tomarla como destino.

Es así que con dos elementos pude plantearme una meta y lograrla.  Todo bajo la fiel compañía del amigo de toda la vida.  Martín se sumo a la travesía y no creo haberlo podido lograr sin él.

Es como en fin Don Alexander Supertramp dijo: Happiness is only real when shared.

Gracias por la inspiración.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Bibliotecas

Todos somos diferentes.  Nadie es igual a nadie.  Somos, triste o alegremente, únicos.

A veces nos parecemos unos a otros, tendemos a formar amistades con quienes más se asemejan a nuestros gustos y cuestionar, tanto a personas como preferencias, todo aquello que no conocemos, odiamos o que se parezca a bailando por un sueño.

Me siento único.  Como todos en verdad.

Creo que soy uno de los pocos jóvenes que se patina más guita en libros que en ropa.

Anoche, mientras esperaba el bus desde Gesell a San Miguel, leía Shakespeare.  Unos cuatro días atrás, terminaba uno de Fontanarrosa.  En menos de un día me veo leyendo unos de las últimas creaciones que me restan por leer de mi favorito:  Bioy Casares.

Es curioso.  La costa argentina es en sí misma una estructura que se "respeta" o que se entiende como natural.  Es decir, hay un itinerario prepautado.   Como que cuando pagas el peaje de Hudson te dicen: "Acá esta su vuelto y este es el cronograma de sus vacaciones".

Levantarse, mates con facturas, playa con churros, mar con sal, tomar sol el primer día como si fuese un esquimal que pasó los últimos 6 meses subsumido en la oscuridad, ir a comer, siesta, playa, arena, sol, agua, mates, churros con arena, vendedores ambulantes, música, viento, mates con arena, arena con arena, volver al lugar rentado acarreando más peso del propio, bañarse, mates, ir al centro.

En esto último recide el agravio.

Hacemos 500 km en una ruta de un solo carril y doble mano para escaparnos de la prisión porteña para recaer en un centro con peatonal donde se amontona cúmulos de gente con el simple fin de "caminar".  Como si esto último fuese tan sencillo.

Más allá, recorrí librerías.  Me encanta ver libros y pensar cuál voy a leer la próxima vez.  Me gusta hablar con el personal de estos harenes de letras siempre y cuando sepan sobre literatura.

Es así que, en San Miguel, tengo 3 puntos clásicos de compra de libros.  Uno es en una feria hippie.  Otros dos en organizaciones dedicadas a la compraventa de libros.

Más allá de mi tendencia compulsiva a la adquisición de escritos, creo entender hoy en día que si me llaman "cliente de la casa" y me reconocen los dueños de los negocios, estoy en problemas.

En fin, voy formando mi propia biblioteca.



"El del Dr. Felipe mejor lo pongo acá"

viernes, 10 de febrero de 2012

Sobre el eterno retorno y las semicorcheas

Dentro de los paradigmas que diseño Borges, siempre me quedé con eso del "eterno retorno".

Lo siento como una esperanza.  Como decir: al fin nunca morimos, una solución a pensar que nuestra vida no es tan desechable como un sifón de soda comprado en Carrefour.

Vivimos en las acciones que generan recuerdos, en fotos mal tomadas, en las canciones que cantamos y en los posters que pegamos en la adolescencia al muro de nuestras habitaciones.

También somos las canciones que silbamos o cantamos en las noches, cuando percibimos la soledad de nuestro ser en estado puro.

Para mí, eso es el Flaco.

Si bien no soy un fan de él, conozco porciones de su obra que ayudan a confirmar que nací en la década equivocada.  Es el simbolismo de toda una generación.  Constructor de castillos en el aire, de sinfonías únicas.  Poeta errante y bohemio de día.

Se nos van yendo los símbolos.

No sé, calificarlo o encuadernarlo no sirve.

Sos libre Flaco.  Gracias por estar.




Fermín se fue a la vida, no sé cuando vendrá.

martes, 7 de febrero de 2012

Reloj no marques las horas...

A pesar de mi acotada edad, puedo apreciar el paso del tiempo de tal forma que aterra.

De por sí, soy bastante gonca con el tema de envejecer.  Me da no sé qué pensar que todo esto termina y luego no hay nada más.  O si hay, todavía no se sabe si existe o si lo inventamos como para disimular el revoltijo en las tripas de cuando pensamos en el deceso.  Igualmente, el parafraseo anterior es salsa para otro raviol.

Hay ocasiones o ejemplos claros donde noto que ya no tengo 18 pirulos (que sigo pensando que acaparo esa edad).  A veces es reconfortante sentir que supero, digamos, ese "límite".  Pero otras veces, es pensar "¡Qué lo tiró!  ¿Dónde dejé estacionada la vida?".

En resumen, hay veces que me contento pensando que tengo 21 y otras en que me quiero pegar un cuetazo en el huevo izquierdo.

Mayormente, las veces en que considero la segunda opción, tiene que ver con los temas de la responsabilidad y sus derivaciones.  Todo lo que tiene que ver con manejo de valores, prioridades, metas y objetivos.  Hasta al baño tengo que ir responsablemente.

En contraste, la vida pasa y los recuerdos pasan a ser luces destellantes en los túneles de la memoria.  Es sorprendente de cómo toda época pasada es mejor.  El pasado, en su mismo continuo y en gran parte de los casos, es mejor.

Pero haciéndome a la práctica, percibo el paso del agua bajo el puente mediante situaciones tales:

A.  Ir a un boliche y no conocer el repertorio:  Salgo a bailar, recorro la discoteca y me encuentro con que todos se saben todos los temas, bailan, cantan y pegan el grito al unísono sabiendo que el ritmo que llena los parlantes es del principio de esa canción tan popular.  A todo esto, yo inmutable.  No sé qué cantar, cómo bailar, si es un tema para danzar con alguien del sexo opuesto o que tira más para ronda o para vaya a saber Dio' para qué.

B.  Indumentaria/vestimenta:  Si bien desteto los estereotipos o las "etiquetas" sociales en las cuales se puede ubicar (acorde a gustos musicales, preferencias de ropa, tendencias de sitios de reunión, etc., etc.), no sé si lo que me pongo encima esta "In" o "Out".  En verdad, me la soba estarlo o no.  La cuestión que el estilo actual es o bien ser un wachiclown o bien cortarse el pelo tipo Morrissey ponerse algo que te queda grande y combinarlo con algo que te queda chico.  No sé, un quilombo.  Y yo ruedo por la vida con lo que encuentre en el placard.


C.  Dibujitos:  Sacando a los Simpsons o South Park de esta categoría, ya no conozco qué ven los pibes hoy en día.  Es decir, me encuentro con mis sobrinos, reunidos enrededor del calor emanado por el tubo de la te vé para vislumbrar que ven dibujos que no se entienden un porongo o series de un nene punk que lo más punk que hizo fue no lavarse los dientes antes de ir a dormir.  Me quedé con Dragon Ball en un lagrimón, que lo tiró.

D.  Sábados por la noche:  Díganme amargado, anti, lo que quieran pero el sábado a la noche se hizo para mirar fútbol, TVR, hacer algo de zapping y luego al sobre.  El domingo hay que aprovecharlo, che.

Igualmente, en pocas ocasiones, salgo.

Pero ya no me tira para deambular por las noches.  Quisiera autojustificarme con el punto A y B.


Se podrían mencionar más parámetros que marcan el paso del tiempo pero me da fiaca y se me hace tarde para dormir.


Estemmm...

viernes, 3 de febrero de 2012

Hola... ¿Qué tal?

Tal vez la mejor presentación que pueda hacerme es no presentarme.
Sí, medio absurdo pero no quiero gastarme en pintarme como el distinto de esta especie.

Lo curioso de querer arrancar con estos temas bloguiles es que de hace rato quería iniciar un espacio de este estilo.  Siempre se me vinieron a la mente temas copados, frases o historias por narrar que harían sonrojar al mismo Cortázar.
Y he aquí conmigo el mismo problema de la humanidad... En momentos decisivos, en los instantes necesarios para los cuales te has preparado gran parte de tu vida, se te resetea el marote y te quedas babeando frente a la situación que te acontece como cualquier adolescente frente a jovencitas inalcanzables que acceden ante las peticiones de los primeros.

Y en relación a esto último, puedo contar algo.  No sé cuándo una mina tiene o no onda conmigo.  Es decir, me han tirado palos, guiños, miradas cómplices, frases, etc, etc, etc.  No capté ni una.  Recién me doy cuenta cuando ya es demasiado tarde si antes no me avivó alguien más.

Sólo hubo una ocasión que me dí cuenta.  Fue un boliche afamado en su época.  Había ido con un grupo de amigos y salí con todos los radares en sincronización para saber si alguna despistada podría llegar a interesarse en quién les escribe.

Es así que, pispeando por entre cuerpos danzantes, diviso a un grupo de buñuelitas y, entre ellas, una que me miraba como si yo le debiese guita.  Esa fue la señal, esa sonrisa y los ojos que no me los quitaba de encima.

Luego de preguntarles a mis camaradas si tenía algo en la cara o si mi peinado era por demás chistoso, procedí a acercarme conjunto a mis compatriotas.  Pude entablar una conversación bastante amena de aproximadamente 3 o 4 líneas de diálogo de cada interprete.  Así supe que tenía alrededor de 18 años, era madre soltera y de un complejo de Electra mal curado.  No era el mejor partido pero siquiera supe, en ese momento, que había captado una señal de alguien que podría interesarte en alguien como yo.

Siempre dije, siempre se dice, de gustos no hay nada escrito.

Es peculiar cómo van mutando las formas de acercamiento dentro de los locales bailables.  Desde esas épocas que nuestros viejos recuerdan con el icónico "cabezazo", pasando por las formas de preguntar el signo zodiacal (¡Qué barbaridad!) hasta el día de hoy donde ya el hombre esta en posición de relajarse, tirarse un paso y que lo vengan a buscar.

Qué se yo.  Tal vez es por ello que ya no salgo a bailar frecuentemente.  Las chicas de hoy en día no saben de qué signo zodiacal son.




"Yo soy libra, ¿vos?"